martes, 27 de agosto de 2024

El damasco


    Con el amor de mi vida nos fuimos a vivir a una casa que en el jardín tiene un damasco. Es nuestro protector; está ubicado entre la calle y la cueva. Su belleza es increíblemente perfecta. Me cuesta describir lo que provoca en mi cuerpo, en mi corazón, en mi respiración, en mis manos… cuando miro el damasco. Es una felicidad que no me dan los humanos, ni los gatos, ¡ni siquiera los perros! Se parece más a la felicidad que me dan las ballenas. Esa sensación de que una es tan pequeña e insignificante, que la admiración colma tu pecho, y es tan potente que lo único que puedes hacer es amar. Permitirte sentir amor. Amor por la naturaleza. Amor por ti, por ser un cuerpo natural, con células, igual que ese árbol y esa ballena que tienes en mente. Y tan frágil como ellos. Es hermoso vivir con este damasco. Se lo deseo a cualquiera. 


    En este momento, el damasco está repleto de flores. Tiene tantas, que se ve esencialmente blanco. Ramas cafés y flores blancas por doquier es lo que puedes ver en este preciso momento. Mejor que el animé, porque no es un dibujo, sino un ser vivo. En tronco y flor. Vivito y reproduciéndose. Por eso me inspiré a escribir sobre él, y sobre todo lo que me ha permitido aprender a través del simple ejercicio de la observación. 


    En otoño, me enseñó a soltar. Fui testigo de cómo en menos de dos semanas, se desprendió de miles de hojas. Así, como si nada, decidió quedarse en ramas a la vista. Me invitó a salir todos los días a la calle, a la hora de mayor sol, a barrer los cientos de hojas que dejaba ir por la noche y que caían en el cemento. Las barría todas, las que caían afuera de las casas de mis vecinos, también. Salía contenta. La mejor hora del día. La cueva es fría, más aún cuando estoy sola, por lo que salir a tomar sol barriendo hojas era mejor que un orgasmo. Recogía las hojas con las manos (con guantes, porque soy asquienta pero salvaje), y me concentraba en agacharme correctamente para no morir de la espalda. Vacilaba la situación, ahora que lo pienso. Era como un carrete solita. Echaba las hojas en un lavatorio de plástico grande que tenemos, y las trasladaba por toda la casa hasta dejarlas en el patio de atrás, donde hay dos árboles más, pero uno está muerto y el otro casi. Esa tierra ha costado mucho más restaurarla que la del jardín de adelante, donde está mi hermoso damasco, que es un excelente ejemplo a seguir.


    En invierno me enseñó de resiliencia, de resistir. De dar vida y luz, aunque el entorno sea hostil. Aunque el frío haga que duelan los huesos, y que cueste moverse; hay que hacerlo. Hay que permitirse sentir el frío y el dolor. Es parte de. Nos recuerda que estamos vivos, que somos sensibles, que no somos inmortales… es hermoso el invierno. Introspectivo, sí. Más de soledades que de compañías. Soledades necesarias y por ende, sanas. ¿Cómo nos vamos a conocer a nosotras mismas si no nos permitimos un viaje al interior en invierno? Yo nací en invierno. Para que veas cómo opera el destino. No hay que creer en el destino más de lo que hay que creer en una misma. Pero nací en pleno invierno. Mi época más creativa y la menos egocéntrica. La época de entrar a picar en la psique ¿Qué hace el damasco en invierno? Se enfrenta, completamente despojado de ropas y protecciones, al frío, a las heladas, a la bruma, a la lluvia, al sol tibio y a los días nublados. Sin hojas, sin flores. Así, desnudamente honesto. Esto soy, lo demás son accesorios que uso para adornarme. ¿Cómo no admirar su valentía? Si el damasco fuera una humana, no llevaría maquillaje ni aros en invierno. No tengo pruebas ni dudas. 


    En el verano se llena de hojas. Se le mueren las flores casi tan rápido como aparecen, y comienza a repletarse de una cantidad impresionante de hojas. El verano es crudo y seco, pero el damasco, nuestro protector oficial, nos proporciona una sombra fresca tan deliciosa… Y no solo eso, como es pro vida al máximo, en verano también se desespera por reproducirse. Y convierte todos los restos de flor que quedan en el árbol, en damascos. En enormes, anaranjados, dulces y jugosos damascos. Son tan gigantes que doblan las ramas con el peso, y ellas, lejos de temer quebrarse, soportan con elegancia; están flexibles como nunca. Llenas de agua y vitalidad, porque regamos con abundancia en verano. Nosotros somos los responsables de que estos seres vivos sigan vivos, así que nada de ignorar sus necesidades. El amor requiere o implica actos de servicio. Propiciar que la vida que te rodea, siga dándose. Es un deber con la naturaleza que todos tenemos. Pasa que estamos tan desconectados que hasta se nos olvida que somos naturaleza. Pero si uno va a arrendar una casa que tiene plantas vivas, hermosas y vigorosas, creo yo, debería sentirse responsable de que esa vida persista. Que tenga un correcto desarrollo. ¿Cómo no nos va a pasar nada al presenciar esa muerte? ¿Cómo no te va a conmover ver un árbol muerto en pie? El verano es para disfrutar la vida, y amarla, y agradecerla, y vivirla y reflexionar sobre ella. Ojalá que esa reflexión no sea desde una perspectiva especista, sino que podamos experimentar el amor por todas las formas de vida; por los caracoles, las lombrices, las mariposas, las ballenas, los gatos y las aves. Que nos importen las demás formas de vida con las que estamos teniendo contacto. O de las que estamos teniendo conciencia. El verano es para amar y reproducirse, y facilitar el desarrollo de la vida.


    El damasco es generoso. Me permite ver cómo vive todos sus procesos. Soy testigo de sus profundos cambios, de sus recorridos por caminos de autoconocimiento y luego de expresión muy intensos y visiblemente marcados. Al mirarlo diariamente he podido conocer todas las decisiones estéticas que toma, aunque no conocemos sus procesos internos. Él se comunica como todos: con su cuerpo. Sin necesidad de usar palabras. Con sus actos es claro y determinado. Un ejemplo a seguir, sin duda. Vaya que seríamos mejores si imitáramos a este damasco. 


    La verdad es que lo único “malo”, es que a mí me deja con “gusto a poco”. Porque vive todos estos cambios y procesos a una velocidad envidiable. Es el sueño cumplido de los ansiosos. Como el paciente que va al psicólogo y antes que todo pregunta cuánto va a tardar este “proceso terapéutico”, deseando que ojalá sea una respuesta con fecha y hora, y que dicha meta temporal esté ubicada lo antes posible en el calendario. El damasco es así, y lo peor, lo logra; un día te das cuenta de que comienzan a aparecer los primeros botones de flores, y al día siguiente ya tiene repletas las ramas de cientos de botones. Y apenas uno o dos días después, todas las flores abren, como en la carrera de los espermios llegando al óvulo, pero innecesariamente, porque las flores viven todas. No hay “perdedores”. Aún así compiten. Acuden a él muchas abejas. Me encanta. Ahora, que las flores están abiertas desde hace no más de una semana, están cayendo los pétalos lenta pero sostenidamente. Mantienen su ritmo. En poco tiempo el jardín será cubierto por una nieve de pétalos hermosa. Tendré que recuperar los que caigan fuera del suelo, para regalárselo a él y a los seres que comen pétalos, que habitan bajo la superficie y trabajan como el servicio secreto de las raíces. Pro vida también. Luego, al poco tiempo se volverá a cubrir de hojas, momento muy feminista, porque en pleno verano no se depila. Rebelde como él solo. Y volverá a ponerse a disposición de sus instintos de preservación de su especie, y se llenará de los increíbles y deliciosos damascos que da. Y ya no nos daremos cuenta, cuando vuelva a estar eliminando cada una de sus hojas, y en tiempo récord estará todo el jardín amarillo. Todo rincón de tierra estará cubierto por las hojas que este árbol deja partir como si nada. Como quien se cambia de calzones. Casi un acto mecánico, pero de verdadera confianza. Él no va a dudar que puede con el invierno, y lo va a aguantar con la esperanza puesta en el verano. Volverá a concentrarse en sus raíces, y cuando el clima sea favorable, volverá a llenarse de flores, y podré volver a escribir inspirada en él, en mí y en la vida. 


martes, 11 de febrero de 2020

Autoviolación

La autoviolación es un concepto que vengo recién conociendo y comprendiendo, y mientras más lo entiendo más intuyo que ninguna se ha salvado.
Nos vendieron una idea muy rara y distorsionada de la realidad íntima de la sexualidad. Ideas muy machistas, como que los hombres son sementales incontrolables, que siempre tienen ganas, que no se pueden controlar, que necesitan "descargarse" de esa energía sexual, etcétera, y por otro lado, que las mujeres no siempre quieren, que las afecta tanto el estrés y son tan histéricas que mas bien les hace falta un poco de pene para que se calmen, que para las mujeres es más fácil ser fieles porque son románticas y tiernas y no calientes. Eso sin contar el tema masturbación. Los hombres se masturban como locos desde la pubertad y las niñas derechamente NO se masturban. Ese es el ideario colectivo. 
Ante esas ideas absurdas, es obvio que exista la autoviolación. Y también porque no olvidemos que nos han enseñado a tener miedo de ser violadas. 

Una amiga me contó una vez: "no sé si sea por las pastillas o qué, pero yo nunca tengo ganas, entonces para lograr hacerlo cuando es el momento, yo me hago las ganas"... en ese momento yo sentí ira, pena, compasión, y más ira, pero no supe de inmediato que lo que ella hace es AUTOVIOLACIÓN. Es sencillo, "hacerse las ganas" es sinónimo de no tenerlas y obligarse a sí misma a tener sexo. No sé por qué no nos enseñaron que algo así era inaudito, pero loco, lo es: si una no tiene ganas, una no debe tirar. Fin. 

Otra amiga me dijo: "él una vez me violó. Fue traumático. Me sentí tan ultrajada. Le dije tantas veces que no, que no podía creer que siguiera insistiendo. Yo no quería, pero terminé aceptando para evitar una pelea. Puse mi cara de lado para que no me diera besos, y decía en mi mente repetidamente: que termine luego, que termine luego, que termine luego"... ese día fue violada, pero ahí no termina su relato, su relato continúa así: "esa es la vez que más me perturba, porque me violó más veces, pero yo aceptaba antes. Nunca más me atreví a sostener un 'no' más de 3 veces"... ¡Loco! No es no. Qué rabia tener que reiterarlo como una consigna en la marcha, pero en serio, no es no. No es tal vez, no es, ya bueno ya, no es síii; es no. No quiero hacerlo esta vez. No dejé de amarte, ni dejaste de calentarme (¿o sí?), pero no quiero hacerlo. Punto. 

Amigas, dejemos de hacernos tanto daño. Muerte al macho. Si no quieren, no lo hagan. Si no quieren tirar hace meses con su pareja estable a la que creen amar, vayan a terapia, revísense, puede que el cuerpo les esté avisando que deben terminar ese vínculo. Escuchen a su organismo. Nosotras somos dueñas de nuestra cuerpa, y de nuestras decisiones. Hagámonos cargo. 

viernes, 10 de enero de 2020

Cultura de la violación

La primera vez que me violaron fueron mis primos. Yo tenía aproximadamente cuatro años y ellos eran adolescentes. No recuerdo quién fue al que se le ocurrió primero, pero recuerdo que en varias ocasiones abusaron de mí. El Hugo fue quien más “se repitió el plato”. El Jorge fue el único que no lo logró, pero lo intentó más de una vez. El Cristian lo hizo varias veces también, y creo que fue el único que logró eyacular. Recuerdo que le pregunté si ese líquido que le salía por el pene era pipí, y él, que sintió que era muy cochino hacerse pipí, me dijo “no, no es pipí, es semen”. Yo no le creí altiro porque no tenía idea qué era el semen, pero sí sabía que por el pene salía pipí. También recuerdo que estaba impresionada de lo duro que estaba su pene. El me explicó que era porque le gustaba lo que yo le estaba haciendo, y me volvió a jurar que no era pipí. 
[Esos recuerdos mi cerebro (qué bacán es el cerebro) los bloqueó hasta que tuve 19 años (edad en la que tuve mi primera relación coital con un varón con consentimiento).]

La segunda vez que me violaron (“segunda etapa en mi vida, pero era como la décima vez”) fue un tío de mi mamá. Se llama Antonio, pero de cariño en la familia, le dicen “tío Toño”. Mi abuela decía que él no era no de los trigos muy limpios, pero ella se refería a que era medio “trucho”. Como que se le hacía fácil estafar a cualquiera, incluso a su familia. En esa oportunidad yo tenía como nueve o diez años. Aún no tenía mi cuerpo “desarrollado”, pero estaba en proceso (pubertad) y tenía vello púbico. Él descubrió eso un día en que yo llamé a mi mamá desde el baño (me estaba bañando en la casa nueva de mi abuela) y en vez de ir ella (ningún adulto estaba muy atento a mí, porque mi abuela por fin tenía casa después de haber trabajado toda su vida, entonces yo era la última prioridad) llegó él al baño. Yo no sabía nada de sexualidad, pero sentí miedo cuando él entró y me miró. Yo tampoco sabía qué era la lascivia, pero sabía que su mirada era “cochina”. Recuerdo que me tapé de inmediato el pubis cuando entró al baño. (Yo había llamado a mi mamá para que me llevara toalla) Tuve que taparme con mis manos porque, como la casa era nueva, no tenía cortina la tina. Él, muy curioso -e imagino que caliente-, me preguntó: ¿qué tienes ahí? Recuerdo que le contesté: ¿y mi mamá? Él volvió a preguntar exactamente lo mismo, ignorando mi pregunta. Yo le respondí en una palabra: “pelitos”. Él se acercó lentamente y yo grité: MAMÁAAAAA, con todas mis fuerzas. Ahí se fue del baño, y mi mamá llegó en pocos minutos. En ese momento supe que corría peligro, pero no le comenté nada a mi mamá porque el tío Toño antes de salir del baño “nerviosamente” me hizo un gesto con el índice atravesando su boca como señal de que yo guardara silencio, y como sentía miedo de él, le hice caso; guardé silencio. Él siguió en la búsqueda bastante tiempo más. Ese mismo día subió al segundo piso, y me llamó. Yo fui (cagá de miedo). Le dije varias veces desde debajo de la escalera que qué quería, que yo no quería subir. Él dijo hartas cosas; que tenía un regalo, que era una sorpresa, que subiera, que NO ME IBA A HACER NADA, etc. La cosa es que subí y me dijo que le mostrara mis pelitos. Yo no quería, pero él tenía fuerza igual. Me afirmó de los dos brazos para que yo no bajara, y después de un forcejeo “breve”, me bajó las calzas que tenía puestas y me miró los pelitos. Esa vez no me alcanzó a tocar los genitales porque mi papá mandó a mi mamá a buscarme al segundo piso [siempre que tengo este recuerdo no entiendo por qué no fue mi papá el que subió] y nos interrumpió. Desde ese día el tío Toño comenzó a ir muy seguido a la casa de Portugal (referencia para mi familia). En esa época el único adulto que había en la casa durante el día era mi tía Ceci, pero permanecía acostada todo el tiempo así que no cachaba nada de lo que hacía el tío Toño. Me fue a ver hartas veces. Me tocó y penetró la vagina con sus dedos varias veces. Me encerró en la pieza de mis primas (que eran harto más grandes que yo) para que nadie lo cachara, y porque esa pieza igual tenía pestillo, entonces era más seguro para él. Me bajaba la ropa, me daba nalgadas. Yo no tenía más de diez años, porque recuerdo que iba como en cuarto o quinto básico. Un día le hablé como si fuera su amante (él tenía pareja, la misma de ahora) y le dije: “Toño, dame plata”. Mi plan era que me diera dinero a cambio de mi silencio. Yo sabía que lo que hacía era malo. No sé si lo sabía, pero lo intuía porque tenía pesadillas, miedo constante [le tuve terror a los hombres hasta los 19… a veces aún les tengo miedo], me indigestaba del estómago, lloraba mucho… era horrible. Recuerdo que una vez mi mamá vio que yo tenía plata, lo cual era extrañísimo porque mis padres JAMÁS me daban dinero, y me preguntó que quién me la había dado. Yo estaba contenta de que me preguntara porque lo único que quería era decirle que el tío Toño me tocaba la vagina, y me iba a ver cuando ellos no estaban. Yo le mostré que tenía plata con ese objetivo, destapar la olla. Pero por alguna razón no me atreví a decirle nada excepto que el tío Toño me la había dado. Ella tampoco quiso saber más, pero mostró molestia (mi mamá siempre estaba molesta, así que no pude deducir que era porque él me había dado plata). Después de eso, me dijo: no quiero que vuelvas a recibir nada de nadie. Le hice caso hasta hoy. Creo que lo que más me cuesta en la vida es pedir ayuda, y recibirla es aún más difícil. Mis papás confirmaron la sospecha de mi papá una noche en que tuve una pesadilla y grité demasiado. No recuerdo la pesadilla, pero sí recuerdo que mi papá me despertó -gritando también- y me hizo bajar de mi cama (camarote) y me llevó al living. Me sentó fuerte y me preguntó a los gritos: ¡¿qué te hizo el Toño?! Yo rompí en llanto y le dije: “el tío Toño me tocó la vagina”. Así se salió la información. No de otro modo. No le dije “me ha tocado muchas veces” ni “viene casi todos los días cuando ustedes no están”… nada de eso. Solo le dije: “el tío Toño me tocó la vagina”. Recuerdo que mi papá miró a mi mamá y le dijo: ¡Te dije! Después de eso me abrazó porque yo seguía llorando. Yo tenía miedo de que mi papá supiera porque él era “arrebatado” a veces, y yo pensaba que el tío Toño podía pegarle o algo así. Por eso estaba llorando. Mi mamá repitió muchas veces: “no puede ser”. Fueron tantas, que yo creo que se lo creyó. Creyó de verdad que no podía ser, y quiso que no hubiera sido. Esa noche se mostró molesta conmigo, como culpándome por algo. Yo no entendía mucho, pero me sentí culpable. [Ni mis papás ni yo teníamos las herramientas para entender que una niña de diez años no podía tener la culpa de ser violada por un pederasta, así que no culpabilizo a nadie salvo al patriarcado.] Después de eso no sé cómo fueron las conversaciones entre los adultos, porque por supuesto que no me hicieron partícipe (“los niños no deben meterse cuando los adultos hablan”), pero recuerdo con exceso de claridad que mi mamá tomó la decisión de colocarme frente al tío Toño, a una distancia menor a un metro, y me dijo desafiante: “di lo que dijiste delante de él”. Ella, como si fuera abogada, se aferró a la presunción de inocencia y me expuso a esa situación en la que me sentí triplemente violada. Creo que incluso me sentí violada muchas veces más en ese momento que todas las veces en que el tío Toño me violó antes. Yo no recuerdo haber podido decir nada. Recuerdo que salió mi papá de la casa al patio, y que lo abracé, y que el tío Toño se retiró del lugar campante, triunfante, tranquilo, “sabiendo que nada iba a pasarle”, y que mi mamá y mi papá se pusieron a pelear porque él no podía creer que ella me hubiera hecho eso, y ella no podía creer que lo que yo había dicho fuera verdad. A causa de lo del tío Toño, y que mi cerebro esta vez me falló y no pude olvidar ningún detalle de nada de lo ocurrido, pasaron varias cosas. La primera, es que intenté suicidarme 3 veces ese año. No tenía mucha información, así lo intenté con venenos que habían en la casa, para hormigas, arañas, ratones… no funcionó. La segunda cosa que pasó es que comencé a tener terror de los hombres. No me gustaba que me miraran ni me hablaran ni se me acercaran. Y me paralizaba caleta cuando me acosaban en la calle o en la micro… durante años no pude “responder” a ninguno de sus actos violentos. Fue horrible mi pubertad y adolescencia. La tercera cosa es que intenté ser lesbiana. Quería serlo principalmente porque pensaba que sin pene no habría posibilidad de violación, y como crecí viendo teleseries llenas de amor, lo único que quería era enamorarme y ser feliz. La cuarta cosa es que odié a mi mamá por años. Afortunadamente la primera sicóloga de mi vida, me hizo comprender mejor las cosas, y logré perdonar a mi madre de todo corazón. Ahora nos amamos mucho. Lo del lesbianismo todavía no me funciona bien, y en ese momento menos. Ahora les contesto a los hombres que me acosan en la calle, y creo (uno NUNCA SABE) que “sabría defenderme” en caso de que se sobrepasen más allá de sus “comentarios asquerosos”. Y bueno, no me dan miedo los hombres siempre. Ahora puedo enamorarme de hombres y vivir una sexualidad “sana”. Años de terapia eso sí. 

La tercera vez (etapa) que sufrí algún tipo de abuso sexual fue con mi primer pololo. Él era una persona tóxica y la relación también lo fue. Yo no cachaba na del amor ni de las relaciones amorosas, así que todo lo que vivía con él lo encontraba súper lindo, y romanticé toda su violencia patriarcal a más no poder. En una ocasión él se quedó a dormir en mi casa, en mi cama, en la misma pieza donde dormía mi mamá y mi hermana, y recuerdo que estaba súper enojado conmigo porque yo había escrito en mi diario de vida que me gustaba un compañero de curso. La cosa es que desperté porque “me estaba tocando”. Resulta que él consideró súper normal masturbarme mientras yo dormía. Hasta sexy pensó que era. Esa es solo una de las ocasiones en que su manipulación y abuso de poder en la relación se transformaron en abuso sexual. Lo triste de eso es que yo me di cuenta de que fui abusada por un hombre al que amé CINCO años de mi vida recién el 2019. Diez años después. Y lo supe solo gracias a la autoeducación de mis compañeras feministas. De no haber sido porque leí, me informé y me integré a grupos de mujeres increíblemente generosas y bacanas, nunca me hubiera dado ni cuenta quizá, o quizás cuándo. [Uno no se toma mucho el tiempo de reflexionar sobre sus prácticas y vivencias. Hay que hacerlo. Ese es mi consejo.] Lo bonito de eso es que todas las parejas hombres que tuve después de él, han sido un siete. Personas respetuosas, que me han amado de verdad, y que jamás cayeron en la violencia ni el abuso de poder. Si pudiera, sería amiga de todos ellos. Los quiero caleta y les deseo lo mejor de este mundo. Gracias, cabros.

La última vez que fui violada y abusada fue el año pasado. Sucede que me encontraba pasando un duelo bastante difícil y no estaba muy “cuerda” que digamos. Me sentía bastante deprimida, y de hecho colapsé. No muchos saben la historia, pero básicamente me adelanté al estallido social, y estallé por dentro como nunca en la vida. Mi crisis de los treinta estuvo lejos de lo que las teleseries muestran. En ese estado de depresión y falta de cordura, busqué formas de minimizar el dolor, y algunas fueron más bien autodestructivas. Dentro de esas, tomé la decisión de tener coitos de mutuo acuerdo con hombres en los que confiaba un poco porque los conocía, pero no tenía sentimientos asociados de índole romántica. Y uno de ellos, con quien lo pasé bien varias veces, se sobrepasó en varios niveles. Rompió algunas veces los acuerdos de horario y visita, y abusó de sus privilegios que eran más de los comunes de todos los hombres cis del planeta (no puedo explicarlo con detalle porque no quiero revelar su identidad). Me manipuló bien y con “facilidad” igual, porque yo -insisto- bien no estaba. Logró que yo me sintiera con cierta confianza de ir a su casa y no tenerle miedo hasta que un día, fui a su casa de día a conversar y a devolver algo que me había prestado. Ya habíamos acordado no mantener más relaciones sexuales, y me sentía bacán con esa decisión. Yo de verdad sentía que ya no me gustaba nada el joven. La cosa es que ese día él se calentó. Yo no lo preví porque, como acabo de mencionar, habíamos acordado dejar de fornicar, y cuando estaba por salir de su casa, él se puso en la puerta, la tapó, puso el seguro y comenzó a manosearme (sintiéndose con todo el derecho de hacerlo, como si mi cuerpo le perteneciera o tuviéramos alguna especie de contrato que dijera: “si alguna vez accedí a hacerlo contigo, puedes tocarme cuanto quieras cuando quieras”) y yo comencé a sentir ese mismo miedo que sentí cuando el tío Toño me visitaba. Sentí de nuevo eso de “si no accedo, me va a obligar con violencia”. Básicamente pensé: si no acepto, me viola. Y cometí el peor error de mi vida; dejé de forcejear. Después de eso pasó lo obvio. Claramente yo no disfruté nada, porque nunca quise hacer nada. Y ese día comprendí que la violación está demasiado demasiado demasiado cerca TODO el tiempo. Comprendí que nuestra cultura patriarcal ampara también una “cultura de la violación” que todes justificamos en algún momento de nuestras vidas. Comprendí que siempre nos vamos a sentir culpables de haber sido violadas, por más que cantemos y bailemos y hagamos viral el video de Las Tesis (las amo, cabras). Comprendí que por más “desconstruidos” y “letrados” que sean los hombres, jamás van a dimensionar (ni de cerca) los privilegios con los que cuentan solo por el hecho de nacer con ese sexo biológico. Comprendí que el feminismo ES el único camino a la libertad, a la justicia, a la igualdad. Comprendí que esta información, que es tan vergonzosa como dolorosa no podía quedar guardada en mi mente no más, porque somos TODAS las que hemos pasado por esto. Porque somos TODAS las que tenemos que aprender a amarnos, a cuidarnos, a darnos placer y no sentirnos mal por eso, a terapearnos, a limpiarnos de la mierda que nos han echado encima los hombres de nuestro entorno solo porque podían y querían. Porque nosotras somos las encargadas de amarnos, apoyarnos, liberarnos, acompañarnos e intervenir. 

Esta es mi pequeña intervención.
La culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía.
Y tampoco era tuya, compañera. Créeme que no lo era. Y no estás sola. 

viernes, 25 de octubre de 2019

El pueblo unido jamás será vencido

Ellos siempre han apelado al cansancio. Porque es obvio que nos cansamos. Mental, emocional y físicamente. Me pregunto cuántas veces habrán dicho en estos días: “se van a cansar” o “esta situación no se va a sostener mucho más” o “esperemos no más”. Y es verdad. Esta situación no se puede sostener mucho más, o al menos, no para siempre. Pero gente, el tiempo que sea necesario, por favor, sostengamos esta revuelta. Mantengámonos unides. Sigamos cuidando de los perritos en las calles. Sigamos llevando agua con bicarbonato y limones y tapabocas para apoyar a las personas en la marcha. Sigamos cantando y gritando “Chile despertó” con esperanza. Sigamos haciendo catarsis entre todas las personas presentes. Catarsis por cierto necesaria, porque estos 34 años de “regreso a la democracia”, cargados de violencia política, económica, sexual y social, nos tienen “enfermos”. Sigamos con energía para caminar, marchar, crear pancartas, y decir (NO CALLAREMOS NUNCA MÁS) las verdades. 
La calle es nuestra, y debemos ocuparla. 
Unides, lo lograremos. 
Nadie ni nada nos va a vencer. Mucho menos el cansancio. 
No nos detengamos hasta que nos escuchen. 
No paremos hasta que cambien la Constitución. 

domingo, 20 de octubre de 2019

18-19 OCT 2019

Voy a tratar de decirlo en “bonito”, pa’ que no me odien, y pa’ que me tomen en serio. 
Este sistema está mal. Completamente. De principio a fin. No hay garantías de ningún tipo para la ciudadanía. No para la mayoría, que es LA FUERZA DE TRABAJO, porque los que sí tienen resguardo legal, y facilidad para resolver sus problemas y para solventar sus necesidades, no representan un porcentaje mayor al 10%, y jamás han sido “un aporte” para la economía (que veo que es lo único que les importa a algunos). Esa es la razón por la que estamos en las calles con cacerolas y cucharas de palo. Con rabia, con pena, con desesperación. Con rabia. Más que todo, con rabia. Este sistema es injusto para los pobres, que somos mayoría. Somos casi todos. Y no podemos seguir así. No podemos seguir adaptándonos a lo que ellos determinen “darnos”, como migajas, para que no hablemos. Para que callemos, y nos volvamos esclavos. No más. No nos pueden subir en $30 el pasaje del metro de una como si lo sueldos pudieran resistirlo todo, como si el sueldo mínimo soportara cualquier tipo de alza ¿Qué esperan?, ¿que sigamos marchando en la Alameda los mismos de siempre, con la misma paz de siempre, para siempre, y luego aceptemos todas estas injusticias con la cara llena de risa? ¿Quieren que todos nos transformemos en sicópatas, como la clase política? Algunos sentimos tranquilidad solo con gritar un par de consignas o palabrotas, otros necesitan ver todo arder, y otros necesitan abrir a la fuerza las puertas de las grandes empresas trasnacionales y recuperar todo lo que nos roban cada vez que compramos en ellas. Así es de simple. Salgamos a la calle. Salgamos en la que queramos, pero salgamos, y mostremos cuántos somos. 


viernes, 16 de agosto de 2019

Murió mi abuela

La abuela tuvo una infancia del terror. Y pasó el resto de su vida (hasta la vejez) recordando cada detalle de su sufrimiento. Me contó cientos de veces las mismas historias “felices”, que eran de las que de alguna forma “se afirmaba” para sentir que no todo fue tan terrible, y en alguna medida para soportar su vida de jubilada.
Cuando fue adolescente tomó un par de decisiones estúpidas, como casarse con su primo para escapar de la esclavitud en la que estaba sometida desde muy pequeña por la pobreza y la falta de preocupación/ocupación en su crianza por parte de quienes eran los responsables. 
Su vida de casada fue peor. Se convirtió en la esclava de un par de personas que tenían pequeñas empresas que no tenían ningún interés por cuidar a sus trabajadores… y también fue esclava de su infeliz matrimonio. Él era un esposo terrible, principalmente por su alcoholismo.
Su vida no fue precisamente una experiencia feliz, pero sí fue “normal”; trabajó hasta desfallecer de cansancio, no aprendió a leer, era muy irrespetuosa y grosera, no era para nada cariñosa, y el machismo guiaba su vida más que Jesús. No era una santa, pero tampoco era mala persona. Era buena, solo que no tenía demasiadas habilidades comunicativas ni emocionales. Aún así era chistosa. Me hizo reír mucho, y a todos. Y con mucha gente era una madre sustituta. Las personas la querían, por eso no les era muy difícil soportar sus pesadeces. 

Vuela alto, Adriana Ana del Carmen.
Fue todo un placer compartir 30 años de mi vida con alguien que es de “lo mejor del 40”, y que nació “cuando nacieron todas las flores”. 
Ahora te toca descansar. 
Gracias. 

jueves, 8 de agosto de 2019

Despedida para les niñes del Antilhue

(Esto lo escribí antes de irme, por si no me dejaban despedirme en persona).

Niñes:
Estoy mal. Quisiera no estarlo, y de verdad que estoy trabajando en ello, pero no lo he logrado. 
A diario les extraño. A veces recuerdo sus intervenciones en clases, sus caritas, sus risas, sus bromas, y de verdad que me emociono. Ando tan sensible, que a veces incluso he llorado solo de lo mucho que les echo de menos. Son parte de mi vida, y de mis pensamientos, y eso no creo que cambie, aunque hayamos compartido nuestra existencia apenas unos meses de este año. Sus iluminadas y críticas mentes y sus nobles corazones son algo de lo que nunca podré desprenderme del todo. Yo soy muy mala olvidando.
He lamentado profundamente no poder acompañarles como quería en este proceso. La enseñanza media es un periodo particularmente difícil, pues requiere de que sus cuerpas y mentes se adapten a un estilo de vida tremendamente exigente. Todo nuestro sistema en Chile es así. Y la causa, como ya lo deben saber, es el capitalismo. La forma en que se construye el Colegio o la “idea de escuela” es una preparación para lo que va a ser su adultez, y créanme, a veces es horrenda. Tiene muchas ventajas, sobre todo una especie de sensación de libertad, pero no es tan real. Y en esto los adultos van a coincidir conmigo: uno de los mejores momentos de la vida es la etapa escolar. Es un periodo en que hacemos amistades a veces eternas, otras veces profundas y sinceras, aunque menos duraderas. Pero todo lo horrible que puede ser la adolescencia, lo cura la amistad y las posibilidades de gozar la vida. Ustedes son unos privilegiados; están en un establecimiento educacional lleno de personas inteligentes, apasionadas por su labor docente, convencidas de cambiar el mundo a través de la huella que pretenden dejar en sus almas. Además, el Colegio tiene colores lindos, arte por todos lados y una gata. Una amiga que tiene 10 gatos considera que el Antilhue es perfecto porque tiene una gata. Jaja. Aprovechen todo lo que tienen, y no pierdan tiempo. La vida es muy corta y estos 4 años se les van a pasar volando. 
Lo más probable es que no regrese. Y ese es el motivo por el que les escribo esto. Ustedes son bacanes, y me duele como nada dejarlos, pero quedarme es un costo muy grande para mi salud mental y emocional, y no puedo retroceder. No es justo. Aférrense a lo que tienen, y no den su brazo a torcer. Sigan gozando de la lectura, o aprendan a hacerlo. Sé que es un cliché, pero les prometo que es verdad: “leer es lo único que los hará libres de verdad”. No dejen que les pasen gato por liebre. Es la única forma de ser libres. No hay más. No la dejen ir. 
Los voy a extrañar de por vida, pero también estaré feliz viendo sus logros desde lejos. A un lado del camino también se puede disfrutar. Y sé que así será. 
Las compañeras feministas, por favor, les ruego, no bajen los brazos. Esta lucha va a tardar otros cien años en lograr la igualdad de género, pero va a ser real solo si nos mantenemos firmes, y contagiamos a cuanto humane tengamos cerca.
Cabros, ustedes saben que los quiero, y que veo en sus ojos mucha luz. Cuando sean padres, encárguense de no perpetuar el patriarcado. No es real que hombres y mujeres somos diferentes. No en la esencia del ser. En esencia somos IGUALES; todos tenemos derecho a ser respetades, amades, valorades, y también tenemos derecho a sufrir, a sentir ira, y a llorar. Derechos y deberes por igual. Ayúdennos en la causa. Ayúdense. 
Les quiere y les querrá, Churiruri.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

El Principito

Hacer una lectura crítica de lo que leemos es una acción consciente que consiste en leer lo que está entre líneas. Lo que el autor nos transmite de "su mundo interior", y de "su sistema de creencias". A veces no funciona la primera vez, a veces hay que releer las obras. Incluso a veces hay que releerlos años después. Eso me pasa con El Principito, y su rosa. Siempre he admirado mucho la relación del Principito con el Zorro, con su amigo. Es una gran enseñanza para todos nosotros. Y lo mismo pasa con la boa y el elefante, y la crítica a la falta de imaginación de los adultos, pero con la rosa es el problema. 
pág. 29: -No debí haberla escuchado -me confió un día-. Uno no debe escuchar nunca a las flores. Uno simplemente debe mirarlas y respirar sus fragancias. La de mi flor perfumaba todo mi planeta, pero no supe disfrutar de todo su encanto."

Ahí la dejo.

lunes, 26 de noviembre de 2018

¿En qué momento?

Me tomo un momento para hacer una pausa de mi revisión maratónica de ensayos de III° medio para reflexionar sobre algo que me suena y resuena en la mente cada día que voy al Colegio, y es: ¿en qué momento?
¿En qué momento la sala de clases se transformó en un bar?, ¿en un comedor?, ¿en un centro de acopio?, ¿en un basural?, ¿en un centro de carga de celulares? Las cabras se pelean los cargadores y los enchufes. Y se enojan si uno se los desenchufa. Loco, los celulares están prohibidos por reglamento. Así como comer en la sala, decir groserías, faltarse el respeto entre las personas del Colegio... pero nada de eso les importa. Solo les importa su propio placer. Su propio beneficio. A veces creo que si les quitara los audífonos o los celulares, les estaría provocando una úlcera. A veces creo que si les tomara la comida y la botara al basurero, como otros colegas lo han hecho, me demandarían. 
¿En qué momento el Colegio dejó de ser un lugar donde lo más importante era aprender?, ¿y preguntar?, ¿y reflexionar?, ¿y discutir? ¿En qué momento nos perdimos?
¿Cuándo va a ser el día en que las estudiantes vuelvan a mantener su espacio limpio y ordenado?
¿Cuándo va a ser el día en que las estudiantes vuelvan a expresarse en lenguaje culto formal, y evitando cualquier grosería, en vez de pedir constantemente perdón por lo groseras que son?
¿Cuándo vamos los profesores a volver a ser respetados?, ¿valorados?
¿Cuándo las estudiantes van a volver a acercarse al profesor que corresponde para resolver sus problemas, sin pasar a llevar a nadie, en vez de ir corriendo a informarle a todo Chile lo que el profesor "hizo", y por lo cual merece el castigo del infierno?
¿Cuándo el Colegio volverá a ser nuestro lugar feliz?, ¿mi lugar feliz? 

viernes, 5 de octubre de 2018

¿Qué es ser profe?

La primera vez que una estudiante decidió hablarme de su vida, fue en una clase en que estaban haciendo una actividad de creación literaria, y que ella había terminado hace rato. No quiso o no se atrevió a decirme de una, pero comenzó con indirectas que yo capté de inmediato. Su confesión, que para ella parecía la más importante de su vida, era que era lesbiana, y que nadie de su familia sabía, porque eran fanáticos religiosos y ella pensaba que la echarían de la casa. Ella sabía que era lesbiana por lo que sentía por las chiquillas, pero nunca había tenido contacto físico con ninguna. Yo sabía de antes que ella sentía atracción sexual por las mujeres, y también sabía que no era la única con esa orientación, pero como a mí me daba lo mismo, no le di importancia, hasta ese día, que comprendí que la importancia se la dan elles, les estudiantes. Ese día yo me volví una profesora mucho más empática, y cercana. Y buena para escuchar. Lo que me costaba sí era preguntar. Me costaba meterme en la vida de mis chiquillas y chiquillos sin sentirme barsa. Pero eso cambió.
En mi segundo colegio, una estudiante que me encontré en el metro después de clases, me confesó que padecía hasta hace muy poco tiempo de bulimia. Me lo dijo como quien habla del clima, ambas paradas al rededor del fierro del metro. Y yo, evidentemente, no supe mucho por qué me escogió a mí. Conversé con total naturalidad del tema, aunque dentro de mí había un vaso roto que me hacía sentir mucho dolor y rabia, hasta que ella se tenía que bajar. Me despedí con total normalidad, y cuando ella ya no estaba en el carro, entendí. Ser profesora de lenguaje no tiene nada que ver con enseñar a desglosar las ideas de un texto. La asignatura debería llamarse simplemente Comunicación. A comunicar es lo que yo debería enseñarles. Y también entendí que yo no iba a ser solo profesora en los colegios, también iba a ser sicóloga, madre sustituta, y quizá hermana mayor.

En ese mismo colegio supe hartas cosas más, de estudiantes que, como era habitual, se me acercaban a comentarme sus vidas. Yo nunca las interrogaba, solo las escuchaba, hasta que aprendí la lección. Una estudiante que yo no conocía porque no le hacía clases se intentó suicidar y esta vez casi lo logra. Estuvo a minutos, para ser más exacta. Solo no lo consiguió porque la persona que vivía con ella llegó a casa antes de lo pactado. Ese día, que nos enteramos de esta situación, comprendí que lo mejor que podía hacer cuando viera a les cabres sufriendo en silencio, era hacer que rompieran ese silencio, y que aunque no quisieran realmente, se soltaran conmigo, para ser el primer escalón en esta búsqueda de la paz interior que se obtiene a través de sacar la verdad. Por eso ahora yo les pregunto. Les pregunto y me odian, porque no me quieren decir. Pero algo me dicen igual. Y al menos un poco mejor se sienten. 
Yo habitualmente les amo. Por eso no dejo que no me digan nada y se vayan con toda esa pena de vuelta pa la casa. 
Este año es el quinto de mi carrera como docente, ejerciendo una profesión que amo y respeto. Y la cantidad de información que tengo en la cabeza es realmente impresionante. Estoy curá de espanto de tanta tragedia. Antes de trabajar en colegio, yo pensaba que lo más trágico de mi vida era Edipo Rey, pero loco, como diría TNT, hay realidad que supera a la ficción. 

El duelo 2

Había una posición en la cama que me fascinaba. Recuerdo que era tan genial para mí, que a menudo te decía: podríamos quedarnos así para siempre. Consistía en que nuestras cuatro extremidades y nuestras cabezas quedaban entrelazadas por completo. Nos volvíamos una especie de madeja de lana con nuestros cuerpos. Era fantástico. Nuestra respiración y latidos se alineaban en un mismo ritmo, y era tan cómodo y confortable para el alma que habitaba en nosotros, que a veces nos quedamos dormidos en esa sincronía única y maravillosa. 

Cuando nos separamos, lo que pensé que más iba a extrañar era eso. Nuestra conexión vital, nuestra capacidad única de sentir placer en un abrazo en la cama. En un abrazo no sexual. En uno cargado de amor. Solo de amor. Del más buen amor que teníamos para darnos. Pensé también que iba a extrañar tu olor. Ese olor al que yo creía ser adicta, y que también me hacía sentir la persona más feliz del mundo. 

Ahora que estoy soltera otra vez, y que no tengo ni tu cuerpo, ni tu calor, ni tu olor en mi cama nunca, lo que más extraño es al Chubi. Y no creo que sea porque siento desapego contigo, o porque ya no te necesite. Creo que es porque mientras te amé desde aquella posición en la que el amor romántico nos coloca, aproveché cada segundo de abrazo lanístico-pulpístico, y cada posibilidad de sentir tu olor, y tu respiración, y tus latidos. No anduve perdiendo mi tiempo en la depresión de no tener más tiempo para aprovecharte, o hundirme en el dolor de esta vida capitalista de mierda, sino que cada segundo que tuve junto a tu cuerpa fue valioso. Y por eso, ahora, a quien extraño, es al Chubi. 

miércoles, 26 de septiembre de 2018

El duelo

El duelo es una cosa terrible. Nuestro cerebro deja de secretar dopamina y se siente en abstinencia de felicidad. 
Da rabia, da pena, produce instantes de negación, de depresión, y termina con "aceptación". Nada recomendable. 
Pero el duelo también es necesario, muy necesario para poder sentir lo importante que son las personas y el amor para nosotros. Para ser conscientes de lo que queremos y necesitamos para estar bien. Y para reconocernos, rearmarnos y amarnos de nuevo. A nosotros. Tal como somos. El nuevo nosotros. El nosotros que viene después de tanto aprendizaje.

El duelo duele, pero es justo y necesario. 

viernes, 18 de mayo de 2018

Daniela Vega

Daniela nunca será Daniel,
ni porque tú lo quieras,
ni porque Ezzati lo quiera,
ni porque Kast lo quiera,
¡ni porque sus cromosomas lo quieran!


Daniela es Daniela.
Daniela descubrió que era Daniela,
y lleva muchos muchos años siendo Daniela.


Daniela es actriz, no actor,
Daniela es hermosa, no hermoso,
pero sobre todo;
Daniela es libre.
Libre de sonreír, porque es honesta,
libre de responder y de guardar silencio.
Porque además es sensata.
Y es respetuosa.


Daniela hace que me sienta orgullosa
de ser del mismo género.
Daniela es un ejemplo de virtud.
Daniela es Daniela,
desde que se levanta hasta que se acuesta.
Y cuando duerme, sigue siendo Daniela,
mientras sueña.

viernes, 4 de mayo de 2018

Ámbar fue al cielo

Hace algunos años atrás, cinco aproximadamente tomé la decisión de no tener televisión, y un par de años antes de eso había tomado la decisión de no ver más televisión. Esto no es porque yo me considere una persona superior o más inteligente que lo que la TV muestra, sino porque comprendí humildemente que mi ser, mi espíritu en particular, no estaban dispuestos a ver tanta desinformación, tanta basura manipulada y maquillada, ni tanta violencia. 
Ahora, varios años después, viviendo en una casa donde no hay televisión, es poco de lo que me entero (noticias de los medios), sin embargo he adquirido un placer culpable por ver el programa de La Red, llamado Mentiras Verdaderas, por youtube obviamente, y se me han caído un par de lágrimas con los primeros minutos del programa emitido este 1 de mayo. Invitaron al último médico que recibió a Ámbar, esta niña de un año y siete meses que falleció en manos de un monstruo que era su cuidador legal, pero que en vez de cuidarla, la violó y la golpeó brutalmente, de modo tal que la niña murió por las infecciones prolongadas de las heridas que la infante lleva en su cuerpo. 
Estamos en un país culiao donde los niños, los viejos y las mujeres somos grupos vulnerables ante la violencia de manera continua. Violencia de las leyes, violencia de los medios, violencia de los familiares, etc. Mucha mucha violencia. Esta niña muere de sepsis porque fue violada y golpeada brutalmente, antes de cumplir dos años de edad, por su cuidador legal de la UDI, pro vida, candidato a diputado, y quienes la llevaron en calidad de bulto al hospital más cercano, dijeron que "se cayó de la cama". O sea, ¿se puede ser más desgraciado?, ¿más maldito? No puedo creerlo.
Y después de esto, la gente lo único que se le ocurre decir es que se legalice la pena de muerte, para poder matar a quien la mató a ella... o sea, en vez de pensar en que esta niña una más de la lista que ha muerto este año. Que se suma a los más de mil niños que mueren en el SENAME, se suma a Sofía, al pobre niño de 7 años que su abuela asesina a golpes con un PALO porque NO QUERÍA COMER. Estamos en una sociedad enferma, y no se soluciona matando a los sicópatas. A ellos hay que llevarlos a la cárcel, y que ojalá mueran allí. Para que cada día, hora, minuto, segundo de su vida recuerden lo que hicieron, y por qué están ahí. Y por qué no merecen estar junto a quienes "aman". Eso es lo que les tiene que pasar. En ningún caso asesinarlos es un castigo. 
Y pasando el tema agresor maldito. Ya sabemos que las instituciones valen hongo. No dan abasto. Qué podemos hacer para ayudar a nuestros niños. Cómo podemos organizarnos para cuidarlos. Para prevenir a que sigan MURIENDO en manos de pervertidos asquerosos. En manos de enfermas que no controlan su ira. Son niños, son bebés... abran los malditos ojos y déjense de odiar al asqueroso. Matando a ese enfermo no ayudaremos a los miles de niños que viven vulnerablemente. 
Basta, Chile. Basta. En serio. 

domingo, 29 de abril de 2018

Me violaron

Desde que me pasó, a los cuatro o cinco años, hasta que lo recordé pasaron más de diez años. Recién a los 19 volvieron a mi memoria cada uno de los hechos violentos en los que me vi sometida a tan corta edad, y con lo terribles y vívidos que fueron estos, tuve una enorme crisis emocional que me llevó a dos años de sicólogo. Por suerte en la Universidad era gratis.
Durante muchos años, desde ese entonces, nunca usé el concepto violación para designar lo que me pasó, sino que siempre usé: "abuso sexual". Pero ahora, ahora que tenemos este terrible caso de España, en que un grupo de hombres desalmados incurrieron en VIOLACIÓN, en todas las maneras en que se puede violar a una mujer, y que los jueces consideran que no es violación, en otras palabras, que no merecen 20 años de cárcel sino solo 9 (la pena de cárcel que merecen los que abusan), ahora es cuando me doy cuenta de que me violaron. Que lo que yo llamaba abuso, quizá para bajarle el perfil, o quizá porque el patriarcado me volvió demasiado idiota, no fueron abusos, fueron continuas violaciones, y que fueron aún peor porque yo aún ni siquiera tenía edad para entrar al sistema escolar. Es decir que fueron violaciones a una niña. A apenas una niña. 
Quiero que cada persona que aparezca en este blog, por casualidad o voluntad, se entere de que no podemos seguir presenciando situaciones como estas, sin que nos afecte, o sin que nos importe, o pensando solo que gracias a Dios no nos pasó a nosotres. Cada persona que pase por aquí sepa, que no podemos seguir así como sociedad, no podemos seguir jugando al "me importa un bledo" con acciones tan nefastas de la "justicia". 
Que arda todo. Que arda ya. 

domingo, 8 de abril de 2018

Adolescencia

Hace unos años atrás hubiera considerado imposible salir a la calle, o a la piscina o de vacaciones sin depilarme las piernas y las axilas -como mínimo-. Hubiera considerado una aberración, también, salir sin sostén (con relleno, para que no se marquen los pezones, obvio). Hubiera considerado completamente inapropiado colocarme un short o una minifalda que permitiera que se me viera todo el muslo, con la celulitis incluída. Y durante un buen tiempo no me permití usar trajes de baño que dejaran a la vista mis estrías de las piernas.

Ahora entendí que los pelos, la celulitis y las estrías son parte de mí. No puedo avergonzarme de ser yo. Y de tener este cuerpo. Ahora también soy más consciente de cuidarlo y mantenerlo vivo y saludable. 
Hace apenas una semana atrás tomé la decisión de manera real de alimentarme sin carnes rojas, de hacerle caso al médico, de no permitir que mi cuerpo se deteriore solo porque soy irresponsable o terca. O porque quiero "solo disfrutar". Tan hedonista que es una a veces.

Me preocupa lo que veo a diario en el Colegio. Me preocupa la falta de amor propio de las niñas. Las que tienen desórdenes alimentarios, las que no soportan ver su cuerpo, ni ver comida. Las que atentan contra su salud a causa de una enfermedad originada por el estereotipo, por el modelo visual. La sociedad completa está enferma por insistir en que un solo tipo de cuerpo es el que todos aceptan como bello. Hay cuerpos que, por su estructura ósea, por su herencia genética, o por su desarrollo hormonal, jamás serán cuerpos que se adecuen a ese modelo. No cabrán, por más que lo intenten... ¿qué van a hacer entonces?, ¿cuando pesen 30 kilos y sigan viéndose "anchas"? La anchura es bella, la negrura es bella, la blancura es bella, la angostura es bella, la persona es bella. Siendo bellas personas, no deberíamos preocuparnos por la talla de sostén o de pantalón. Ni del color de la piel ni del pelo, ni de la máscara de pestañas ni el labial, ni el delineador ni la base, ni el brasalete adecuado, ni el sostén que combine, ni del vientre abultado ni del trasero con celulitis. Estar tan pendientes de esto nos deja poco espacio a lo otro. A la preocupación por lo fundamental. Por el amor, por el entorno, por los amigos, por la familia, por los momentos... 
Ámense. Olvídense de que su cuerpo no encaja. Porque quizá nunca encaje para sus tan altos estándares de exigencia. O quizá sí encaje. O quizá ya encaja. Amen sus pelos, su piel, sus caderas, su estatura... ámense. En serio. Ámense.

martes, 20 de febrero de 2018

¿Por qué "feminazi" no va?

Para empezar, quisiera expresar mi gratitud a aquellas personas que de alguna u otra manera han "entendido" que el feminismo no pretende dañar a nadie, sino evitar que el daño sea más profundo. Muchos no comprenderán nunca, pero me basta con que lo entiendan. Y con que eviten el insulto "feminazi". Para que lo podamos olvidar.

Resulta que el nazi era un ser cargado de violencia y "superioridad". Sentía que el judío estaba en una categoría similar a la de un animal de ganadería, o incluso peor. El nivel de sadismo con el que fueron los judíos perseguidos, apresados, torturados, asesinados, o posteriormente, utilizados sus cuerpos, es horrorosa. No les molestaba matarlos, ni les dolía, porque ni siquiera eran personas. Eso es el nazi.
El feminismo, por otra parte, es un movimiento social, cuya pretensión es erradicar el machismo, conducta que ha sido impuesta naturalmente en todos los humanos, por los siglos de los siglos, y que ha devenido en una serie de violencias inaceptables, contra las mujeres, principalmente. El machismo ha determinado los roles del hombre y los de la mujer, diferenciados con astucia, para salir favorecidos en mayor medida ellos, y ellas han quedado en una situación francamente lejana de lo que un sujeto de derecho debe tener. 

El feminismo quiere que nos saquemos al macho que llevamos dentro (hombres y mujeres) para que convivamos en armonía y en igualdad. Si todos gozamos de los mismos derechos, y nos hacemos cargo de los mismos deberes, la armonía va a ser obligatoria. Ese es el sueño feminista. No otro. El feminismo no quiere que los hombres paguen por lo que han hecho nuestros antepasados, no quiere que sufran o que sean torturados, el feminismo quiere que ellos, los hombres, nos vean como iguales, como seres humanos. 
El feminismo quiere que lloren cuando quieran, sin miedo. Que no se sientan obligados a protegernos, sin sentir nunca que son protegidos. Que sean amorosos y serviciales, con sus parejas, con sus madres, con sus hijes. Que sean útiles en las labores dentro de la casa, y fuera de ella. Que no teman hacerse cargo de les niñes, sin ayuda de una mujer. Que si no quieren trabajar, porque ganan menos que ella, que se queden en la casa, si así lo desean. O que estudien, si así lo desean. Que no se partan el lomo solo porque deben ser el proveedor de la casa. El feminismo también quiere liberarlos. Si quieren depilarse, háganlo. A nadie le va a importar. Y si no quieren, bien también. 

Las mujeres no estamos para que nos digan qué hacer, o con quién, o cómo. Ustedes tampoco. Esa es la gracia del feminismo. El feminismo no quiere que las mujeres seamos superiores, y que ustedes sean sometidos a nuestra voluntad. El feminismo quiere que las mujeres escalemos para estar en el mismo peldaño que ustedes. Quiere que seamos compañeros; PAREJA. Quiere que dejen de sentirse obligados a ser de un modo y que dejen de creer que nuestro deber ser es el clásico. 

La mujer es una persona, igual que ustedes. Tiene aspiraciones profesionales, sexuales, personales. Su rol no es cocinar siempre y tener limpio. Su rol es ser feliz. Y ustedes no pueden sino sentirse felices y orgullosos de eso. No les queda de otra que apañar.

Aunque ahora, después de todo lo dicho, parece obvio, igual quiero reiterar entonces que el concepto "feminazi" es completamente absurdo. Por supuesto que tanta violencia histórica nos tiene enojadas y agresivas. Pero a lo más nos interesa decirles algunas palabras poco honorables para que dejen de acosarnos en la calle, de toquetearnos en la locomoción colectiva, de violarnos y de matarnos. Quizá a los agresores los queramos agredir, y hasta matar. Pero eso no quiere decir que porque sean hombres, los odiamos y queremos que mueran. Nosotros queremos que muera su macho interior, no ustedes. Ustedes nos caen bien, hasta nos gustan. Pero sería hermoso que fueran hombres conscientes de sus privilegios sociales, laborales, políticos, ¡históricos!, y de que no vivimos en un mundo donde precisamente se respire la justicia. 

Apañen cabros, bájense del pony, y apañen. Nosotros los hemos apañado toda la vida. Ahora les toca a ustedes. Reciprocidad le dicen. 

domingo, 18 de febrero de 2018

¿Por qué tengo que tomar anticonceptivos yo?

Pasa mucho que en la pareja la que se encarga de evitar embarazarse es la mujer. Incluso, cuando sale embarazada "sin querer", es ella la culpable, por no cuidarse debidamente. Pero eso, ¿qué tiene de justo?
Primero que todo, hay que considerar que, aunque es una la que tiene útero, también es un hecho que los días en que somos fértiles son apenas 4 al mes. Lo que es un porcentaje demasiado bajo para justificar consumir un medicamento hormonal todos los días de nuestras vidas, con el objetivo de evitar que esos míseros 4 días al mes no quedemos embarazadas. 
Además, no es menor, el hecho de que tomemos hormonas trae consigo una serie de consecuencias a nuestra salud que no tienen nada de agradable. Corremos serios riesgos si es que llegásemos a consumir cigarrillo o alcohol, es decir, para ser una persona "sana" que toma anticonceptivos, también hay que ser abstemia. De lo contrario, podemos tener problemas cardiovasculares de los cuales no nos reiremos mucho después. Eso sin contar los problemas de peso, ansiedad y jaquecas...
La industria de los fármacos, ha creado un sinnúmero de anticonceptivos hormonales para mujeres, y para hombres NO EXISTE ninguno en el mercado. Ninguno. Apenas tienen la opción de usar preservativo, y ya está. Se acabó la oferta. Y eso no se condice mucho con el hecho de que el hombre es fértil todos los días de su vida. HASTA EL DÍA DE SU MUERTE. O sea, ellos, que siempre pueden embarazar a una mujer, no tienen ninguna opción real en el mercado (que no sea una prueba de laboratorio potencialmente peligrosa) que puedan consumir para evitar concebir. Pero una, que no tiene más de 4 días mensuales en los que ese útero puede engendrar un crío, tiene que tomar pastillas todos los días de su vida, o usar un anillo de goma dentro de la vagina, o pegarse un parche en alguna parte de su piel, o implantarse un aparato de plático debajo de la piel del brazo para evitar embarazarse.
Cuando uno está en pareja (una relación monógama estable), el hombre ASUME que ella DEBE CUIDARSE para que podamos tener sexo sin condón. Sin condón, y sin nada, porque esa es la única opción de que la responsabilidad recaiga en ellos (no olvidemos que no existe otro anticonceptivo masculino). Es decir, que aceptar estar en una relación monógama estable implica que voluntariamente debo esclavizarme a consumir hormonas de por vida. Y la única vez que mi cuerpo descanse y viva sus procesos hormonales de manera natural  (a la par con el cuerpo de ellos, que no recibe ningún tipo de hormona artificial) es, uno, cuando esa relación se acaba, o dos, cuando se decide engendrar. 
¿Qué les cuesta usar condón? ¿Y así, cada uno tiene un cuerpo no intervenido por hormonas, y sin riesgos de ningún tipo? ¿Qué les cuesta? ¿Por qué soy yo la que se tiene que cuidar? ¿Por qué toda la responsabilidad es mía? ¿Por qué? Si ustedes usaran condón, no existirían aquellas "locas" mujeres que "amarran" a los hombres embarazándose (decisión unilateral; inapropiada) porque no correrían ese riesgo. No pasarían ese miedo cuando se atrasa la regla porque no nos tomamos bien las pastillas. Serían más conscientes de los riesgos de embarazo o infecciones de transmisión sexual, porque estarían USTEDES protegiéndose. No protegiendo a la dama. 
Maduren por favor, y háganse cargo de su fertilidad. No anden repartiendo hijos e infecciones por ahí. Sean conscientes. Una caja de condones, o mil cajas, valen poco en comparación con el VIH, o un crío. 

sábado, 6 de enero de 2018

Acoso callejero

La primera vez que decidí ponerme calzas cortas debajo de una falda fue cuando era niña. Aproximadamente a los 9 años. A esa edad ya era consciente de que era un objeto de deseo, porque a esa edad, aunque suene increíble, ya había sufrido acoso callejero. Ya me habían dicho "piropos" en la calle. Ya había hombres adultos, y viejos, que se habían sentido con el derecho de expresarme su opinión acerca de mi cuerpo. Y ya había sido abusada sexualmente (por parientes cercanos, como sucede casi siempre). 
Salí con la falda corta, una hermosa pollera color celeste, corte plato. Una polerita con pabilos. Y unas calzas negras. Ese día me sentía "resguardada" con esas calzas. Era tan positivo lo que sentía por el hecho de que no había posibilidad ninguna de que se me vieran los calzones, que en ese entonces de verdad me daba miedo. Era un alivio que no se me vieran los calzones. 
Por la edad, y la falta de busto, no usaba sostenes. Así que mi única defensa con el mundo eran las calzas. Mis nuevas mejores amigas.
Mi madre, cuando se dio cuenta de que andaba con calzas pegó el grito en el cielo. Yo sabía que esa iba a ser su reacción, porque estaba un poco obsesionada con que yo me vistiera como niña y no como puberta o adolescente. Le complicaba que me viera "agrandada". Y no tenía idea la pobre de que yo lo último que quería era verme agrandada. Yo lo único que quería era esconderme tras la mayor cantidad de ropa posible, sin que los demás sospecharan o me miraran raro. Por supuesto que ella me retó y me mechoneó porque yo insistí que si no me ponía calzas, no iba a salir con falda ni vestido a la calle. 
Ella no entendió.
Pasaron los años, y cada año fue marcando más mis rasgos sexuales. Era una jovencita amante del ejercicio, por lo que siempre tuve un poco marcado el cuerpo; piernas contorneadas, glúteos marcados y duros, pechos pequeños, pero muy redondos y una cintura muy muy pequeña. Me ponía ropa heredada de mis primas, que era la única manera de tener ropa "nueva", y salía a la calle con un peto y un pantalón a la cadera (suelto), y recibía en menos de una cuadra, una serie de comentarios lascivos de hombres que pasaban en sus autos. Yo iba obligada a comprar pan, y ya no sabía cómo vestirme. 
Por miedo a mi pasado (marcado por eventos muy complejos de llevar en la memoria) y a una serie de palabrotas y cochinadas que me habían dicho o gritado en la vía pública, comencé de a poco a tener una expresión de género masculina. Me sentía bien. La ropa de hombre no me parecía nada fea, y sin duda que la consideraba sumamente cómoda. Me parecía una excelente estrategia a pesar de que en el Colegio la profesora jefe se dedicó a acusarme con mi mamá de que me juntaba con las lesbianas marimacho del otro curso. Y mi mamá, observándome y sabiendo esta información, pensó que me iba a convertir en lesbiana. Como si fuera posible que sucediera de esa manera, y como si ser lesbiana hubiera sido lo peor que me pasara en la vida.
Ya en la universidad, continuaba con mi estilo, y aún así le gustaba a hombres. Siendo que era muy poco "femenina". Comprendí que era mejor que le gustara a la gente por mi personalidad que por mi belleza. Y me alegré de no ser diferente. 
Cuando comencé a pololear, me tocó un tipo bastante penca que me insistía constantemente en que vistiera como mujer segura de sí misma y su expresión de género (y de su sexualidad) y me maquillara. Y me hacía sentir derechamente fea en mi estilo. Y uno que es bien pava con el primer amor, no hacía mucho por convencerlo de lo contrario. Luego de unos meses terminé transformándome en la mujer que él quería que fuera. Incluso me regaló ropa y ropa interior y maquillaje. Me disfracé de una mujer súper femenina, y no dejé de sentirme disfrazada por esos casi 3 años que estuvimos juntos como pareja. Intentando ser una pareja. 
Cuando nos separamos, inmediatamente volví a ser yo. Nada femenina. Muy neutra. No usaba colores particularmente femeninos, etc. Aún así, nunca dejó de estar presente el macho de la calle que grita, susurra al oído o dice comentarios realmente repugnantes. 
Ahora, que tengo 28 años, que me visto con ropa "grande" y ancha, más que nunca porque estoy gorda, entonces para que no se note, exagero un poco con las tallas, sigo viviendo algo similar. Siguen haciéndome comentarios, quizá no todos cerdos, pero sí innecesarios e indeseables. La diferencia es que ahora contesto. No siempre en buenos términos.
Pero la parte que menos me gusta, es que mis estudiantes, mis chiquillas de enseñanza media son víctimas mucho más constantes del abuso y del acoso. Son objetos aún más apetecibles vestidas de colegio. 
El acoso callejero no es una broma. No es una exageración. Es algo serio y asqueroso y terrible. Es algo por lo que HAY que legislar. Y es algo por lo que hay que dejar de callar. Mi invitación es a no quedarse callada. A gritar. A dejar en vergüenza a los pervertidos. Es visibilizar y no naturalizar. 

lunes, 20 de noviembre de 2017

Las elecciones 2017

Es complejo decir con palabras lo que siento. Muy complejo. Principalmente porque el sentimiento no es sencillo, es una especie de mezcla entre desprecio, repudio, rabia, vergüenza, y otros más por definir. Es una mezcla como resultado de un proceso electoral democrático (voluntario) en el que muchos movimos la raja para entregar con muchísima esperanza un voto, al que casi le dimos un beso antes de insertar en una de las cajas de plástico. Un voto que pretendía venir a renovar la bancada y las ideas políticas que nos tienen cansados, porque solo representan el fantasma de la Dictadura. El sistema económico insertado en Chile por Augusto Pinochet Ugarte es nuestro mayor pesar. Y cada día, cuando nos levantamos a trabajar, o cuando miramos a nuestros sobrinos, o hijos, pensamos: "ojalá que estos cambien algo en el futuro, porque mi generación parece que no está muy dispuesta". 
La primera vez que postuló Piñera, tuve tanto miedo que, con apenas 19 años me fui a inscribir voluntariamente y ejercí mi deber/derecho de sufragar (en ese tiempo era obligatorio el voto). Esa vez tuve tanto miedo que en segunda vuelta voté por Frei (Ruiz-Tagle). Solo porque tenía miedo de que alguien que adora el modelo, como todos los que se han enriquecido gracias a él, liderada mi país. 
Ahora, que sé que puede salir de nuevo, tengo menos miedo. Tengo menos miedo porque sé que si deja la cagá (como probablemente suceda) la gente va a ir a votar por el Frente Amplio luego de los siguientes 4 años. 
Piñera es un ser despreciable. Y mucho. 
Ha hecho, bajo el marco de la ley, muchísimas acciones de dudosa ética. Observa el mundo y el país desde la visión de un despiadado empresario. Cree que una solución factible para mejorar las pensiones de vejez, es que trabajemos hasta los 70 años. Cree que la gratuidad es negativa, puesto que la educación la ve como un bien de consumo. Él cree que las mujeres somos MUY diferentes a los hombres, y cree que la Constitución no tiene ningún problema. 
Piñera no ve a Chile, ve su billetera. Ve a su "familia". 
Pero la gente, que sigue siendo muy idiota, escogió a 20 diputados del Frente Amplio, pero votó por dos candidatos que defienden esas ideas retrógadas, y peor, ese modelo. 
¿Hasta cuándo, chilenos?