domingo, 29 de abril de 2018

Me violaron

Desde que me pasó, a los cuatro o cinco años, hasta que lo recordé pasaron más de diez años. Recién a los 19 volvieron a mi memoria cada uno de los hechos violentos en los que me vi sometida a tan corta edad, y con lo terribles y vívidos que fueron estos, tuve una enorme crisis emocional que me llevó a dos años de sicólogo. Por suerte en la Universidad era gratis.
Durante muchos años, desde ese entonces, nunca usé el concepto violación para designar lo que me pasó, sino que siempre usé: "abuso sexual". Pero ahora, ahora que tenemos este terrible caso de España, en que un grupo de hombres desalmados incurrieron en VIOLACIÓN, en todas las maneras en que se puede violar a una mujer, y que los jueces consideran que no es violación, en otras palabras, que no merecen 20 años de cárcel sino solo 9 (la pena de cárcel que merecen los que abusan), ahora es cuando me doy cuenta de que me violaron. Que lo que yo llamaba abuso, quizá para bajarle el perfil, o quizá porque el patriarcado me volvió demasiado idiota, no fueron abusos, fueron continuas violaciones, y que fueron aún peor porque yo aún ni siquiera tenía edad para entrar al sistema escolar. Es decir que fueron violaciones a una niña. A apenas una niña. 
Quiero que cada persona que aparezca en este blog, por casualidad o voluntad, se entere de que no podemos seguir presenciando situaciones como estas, sin que nos afecte, o sin que nos importe, o pensando solo que gracias a Dios no nos pasó a nosotres. Cada persona que pase por aquí sepa, que no podemos seguir así como sociedad, no podemos seguir jugando al "me importa un bledo" con acciones tan nefastas de la "justicia". 
Que arda todo. Que arda ya. 

domingo, 8 de abril de 2018

Adolescencia

Hace unos años atrás hubiera considerado imposible salir a la calle, o a la piscina o de vacaciones sin depilarme las piernas y las axilas -como mínimo-. Hubiera considerado una aberración, también, salir sin sostén (con relleno, para que no se marquen los pezones, obvio). Hubiera considerado completamente inapropiado colocarme un short o una minifalda que permitiera que se me viera todo el muslo, con la celulitis incluída. Y durante un buen tiempo no me permití usar trajes de baño que dejaran a la vista mis estrías de las piernas.

Ahora entendí que los pelos, la celulitis y las estrías son parte de mí. No puedo avergonzarme de ser yo. Y de tener este cuerpo. Ahora también soy más consciente de cuidarlo y mantenerlo vivo y saludable. 
Hace apenas una semana atrás tomé la decisión de manera real de alimentarme sin carnes rojas, de hacerle caso al médico, de no permitir que mi cuerpo se deteriore solo porque soy irresponsable o terca. O porque quiero "solo disfrutar". Tan hedonista que es una a veces.

Me preocupa lo que veo a diario en el Colegio. Me preocupa la falta de amor propio de las niñas. Las que tienen desórdenes alimentarios, las que no soportan ver su cuerpo, ni ver comida. Las que atentan contra su salud a causa de una enfermedad originada por el estereotipo, por el modelo visual. La sociedad completa está enferma por insistir en que un solo tipo de cuerpo es el que todos aceptan como bello. Hay cuerpos que, por su estructura ósea, por su herencia genética, o por su desarrollo hormonal, jamás serán cuerpos que se adecuen a ese modelo. No cabrán, por más que lo intenten... ¿qué van a hacer entonces?, ¿cuando pesen 30 kilos y sigan viéndose "anchas"? La anchura es bella, la negrura es bella, la blancura es bella, la angostura es bella, la persona es bella. Siendo bellas personas, no deberíamos preocuparnos por la talla de sostén o de pantalón. Ni del color de la piel ni del pelo, ni de la máscara de pestañas ni el labial, ni el delineador ni la base, ni el brasalete adecuado, ni el sostén que combine, ni del vientre abultado ni del trasero con celulitis. Estar tan pendientes de esto nos deja poco espacio a lo otro. A la preocupación por lo fundamental. Por el amor, por el entorno, por los amigos, por la familia, por los momentos... 
Ámense. Olvídense de que su cuerpo no encaja. Porque quizá nunca encaje para sus tan altos estándares de exigencia. O quizá sí encaje. O quizá ya encaja. Amen sus pelos, su piel, sus caderas, su estatura... ámense. En serio. Ámense.

martes, 20 de febrero de 2018

¿Por qué "feminazi" no va?

Para empezar, quisiera expresar mi gratitud a aquellas personas que de alguna u otra manera han "entendido" que el feminismo no pretende dañar a nadie, sino evitar que el daño sea más profundo. Muchos no comprenderán nunca, pero me basta con que lo entiendan. Y con que eviten el insulto "feminazi". Para que lo podamos olvidar.

Resulta que el nazi era un ser cargado de violencia y "superioridad". Sentía que el judío estaba en una categoría similar a la de un animal de ganadería, o incluso peor. El nivel de sadismo con el que fueron los judíos perseguidos, apresados, torturados, asesinados, o posteriormente, utilizados sus cuerpos, es horrorosa. No les molestaba matarlos, ni les dolía, porque ni siquiera eran personas. Eso es el nazi.
El feminismo, por otra parte, es un movimiento social, cuya pretensión es erradicar el machismo, conducta que ha sido impuesta naturalmente en todos los humanos, por los siglos de los siglos, y que ha devenido en una serie de violencias inaceptables, contra las mujeres, principalmente. El machismo ha determinado los roles del hombre y los de la mujer, diferenciados con astucia, para salir favorecidos en mayor medida ellos, y ellas han quedado en una situación francamente lejana de lo que un sujeto de derecho debe tener. 

El feminismo quiere que nos saquemos al macho que llevamos dentro (hombres y mujeres) para que convivamos en armonía y en igualdad. Si todos gozamos de los mismos derechos, y nos hacemos cargo de los mismos deberes, la armonía va a ser obligatoria. Ese es el sueño feminista. No otro. El feminismo no quiere que los hombres paguen por lo que han hecho nuestros antepasados, no quiere que sufran o que sean torturados, el feminismo quiere que ellos, los hombres, nos vean como iguales, como seres humanos. 
El feminismo quiere que lloren cuando quieran, sin miedo. Que no se sientan obligados a protegernos, sin sentir nunca que son protegidos. Que sean amorosos y serviciales, con sus parejas, con sus madres, con sus hijes. Que sean útiles en las labores dentro de la casa, y fuera de ella. Que no teman hacerse cargo de les niñes, sin ayuda de una mujer. Que si no quieren trabajar, porque ganan menos que ella, que se queden en la casa, si así lo desean. O que estudien, si así lo desean. Que no se partan el lomo solo porque deben ser el proveedor de la casa. El feminismo también quiere liberarlos. Si quieren depilarse, háganlo. A nadie le va a importar. Y si no quieren, bien también. 

Las mujeres no estamos para que nos digan qué hacer, o con quién, o cómo. Ustedes tampoco. Esa es la gracia del feminismo. El feminismo no quiere que las mujeres seamos superiores, y que ustedes sean sometidos a nuestra voluntad. El feminismo quiere que las mujeres escalemos para estar en el mismo peldaño que ustedes. Quiere que seamos compañeros; PAREJA. Quiere que dejen de sentirse obligados a ser de un modo y que dejen de creer que nuestro deber ser es el clásico. 

La mujer es una persona, igual que ustedes. Tiene aspiraciones profesionales, sexuales, personales. Su rol no es cocinar siempre y tener limpio. Su rol es ser feliz. Y ustedes no pueden sino sentirse felices y orgullosos de eso. No les queda de otra que apañar.

Aunque ahora, después de todo lo dicho, parece obvio, igual quiero reiterar entonces que el concepto "feminazi" es completamente absurdo. Por supuesto que tanta violencia histórica nos tiene enojadas y agresivas. Pero a lo más nos interesa decirles algunas palabras poco honorables para que dejen de acosarnos en la calle, de toquetearnos en la locomoción colectiva, de violarnos y de matarnos. Quizá a los agresores los queramos agredir, y hasta matar. Pero eso no quiere decir que porque sean hombres, los odiamos y queremos que mueran. Nosotros queremos que muera su macho interior, no ustedes. Ustedes nos caen bien, hasta nos gustan. Pero sería hermoso que fueran hombres conscientes de sus privilegios sociales, laborales, políticos, ¡históricos!, y de que no vivimos en un mundo donde precisamente se respire la justicia. 

Apañen cabros, bájense del pony, y apañen. Nosotros los hemos apañado toda la vida. Ahora les toca a ustedes. Reciprocidad le dicen. 

domingo, 18 de febrero de 2018

¿Por qué tengo que tomar anticonceptivos yo?

Pasa mucho que en la pareja la que se encarga de evitar embarazarse es la mujer. Incluso, cuando sale embarazada "sin querer", es ella la culpable, por no cuidarse debidamente. Pero eso, ¿qué tiene de justo?
Primero que todo, hay que considerar que, aunque es una la que tiene útero, también es un hecho que los días en que somos fértiles son apenas 4 al mes. Lo que es un porcentaje demasiado bajo para justificar consumir un medicamento hormonal todos los días de nuestras vidas, con el objetivo de evitar que esos míseros 4 días al mes no quedemos embarazadas. 
Además, no es menor, el hecho de que tomemos hormonas trae consigo una serie de consecuencias a nuestra salud que no tienen nada de agradable. Corremos serios riesgos si es que llegásemos a consumir cigarrillo o alcohol, es decir, para ser una persona "sana" que toma anticonceptivos, también hay que ser abstemia. De lo contrario, podemos tener problemas cardiovasculares de los cuales no nos reiremos mucho después. Eso sin contar los problemas de peso, ansiedad y jaquecas...
La industria de los fármacos, ha creado un sinnúmero de anticonceptivos hormonales para mujeres, y para hombres NO EXISTE ninguno en el mercado. Ninguno. Apenas tienen la opción de usar preservativo, y ya está. Se acabó la oferta. Y eso no se condice mucho con el hecho de que el hombre es fértil todos los días de su vida. HASTA EL DÍA DE SU MUERTE. O sea, ellos, que siempre pueden embarazar a una mujer, no tienen ninguna opción real en el mercado (que no sea una prueba de laboratorio potencialmente peligrosa) que puedan consumir para evitar concebir. Pero una, que no tiene más de 4 días mensuales en los que ese útero puede engendrar un crío, tiene que tomar pastillas todos los días de su vida, o usar un anillo de goma dentro de la vagina, o pegarse un parche en alguna parte de su piel, o implantarse un aparato de plático debajo de la piel del brazo para evitar embarazarse.
Cuando uno está en pareja (una relación monógama estable), el hombre ASUME que ella DEBE CUIDARSE para que podamos tener sexo sin condón. Sin condón, y sin nada, porque esa es la única opción de que la responsabilidad recaiga en ellos (no olvidemos que no existe otro anticonceptivo masculino). Es decir, que aceptar estar en una relación monógama estable implica que voluntariamente debo esclavizarme a consumir hormonas de por vida. Y la única vez que mi cuerpo descanse y viva sus procesos hormonales de manera natural  (a la par con el cuerpo de ellos, que no recibe ningún tipo de hormona artificial) es, uno, cuando esa relación se acaba, o dos, cuando se decide engendrar. 
¿Qué les cuesta usar condón? ¿Y así, cada uno tiene un cuerpo no intervenido por hormonas, y sin riesgos de ningún tipo? ¿Qué les cuesta? ¿Por qué soy yo la que se tiene que cuidar? ¿Por qué toda la responsabilidad es mía? ¿Por qué? Si ustedes usaran condón, no existirían aquellas "locas" mujeres que "amarran" a los hombres embarazándose (decisión unilateral; inapropiada) porque no correrían ese riesgo. No pasarían ese miedo cuando se atrasa la regla porque no nos tomamos bien las pastillas. Serían más conscientes de los riesgos de embarazo o infecciones de transmisión sexual, porque estarían USTEDES protegiéndose. No protegiendo a la dama. 
Maduren por favor, y háganse cargo de su fertilidad. No anden repartiendo hijos e infecciones por ahí. Sean conscientes. Una caja de condones, o mil cajas, valen poco en comparación con el VIH, o un crío. 

sábado, 6 de enero de 2018

Acoso callejero

La primera vez que decidí ponerme calzas cortas debajo de una falda fue cuando era niña. Aproximadamente a los 9 años. A esa edad ya era consciente de que era un objeto de deseo, porque a esa edad, aunque suene increíble, ya había sufrido acoso callejero. Ya me habían dicho "piropos" en la calle. Ya había hombres adultos, y viejos, que se habían sentido con el derecho de expresarme su opinión acerca de mi cuerpo. Y ya había sido abusada sexualmente (por parientes cercanos, como sucede casi siempre). 
Salí con la falda corta, una hermosa pollera color celeste, corte plato. Una polerita con pabilos. Y unas calzas negras. Ese día me sentía "resguardada" con esas calzas. Era tan positivo lo que sentía por el hecho de que no había posibilidad ninguna de que se me vieran los calzones, que en ese entonces de verdad me daba miedo. Era un alivio que no se me vieran los calzones. 
Por la edad, y la falta de busto, no usaba sostenes. Así que mi única defensa con el mundo eran las calzas. Mis nuevas mejores amigas.
Mi madre, cuando se dio cuenta de que andaba con calzas pegó el grito en el cielo. Yo sabía que esa iba a ser su reacción, porque estaba un poco obsesionada con que yo me vistiera como niña y no como puberta o adolescente. Le complicaba que me viera "agrandada". Y no tenía idea la pobre de que yo lo último que quería era verme agrandada. Yo lo único que quería era esconderme tras la mayor cantidad de ropa posible, sin que los demás sospecharan o me miraran raro. Por supuesto que ella me retó y me mechoneó porque yo insistí que si no me ponía calzas, no iba a salir con falda ni vestido a la calle. 
Ella no entendió.
Pasaron los años, y cada año fue marcando más mis rasgos sexuales. Era una jovencita amante del ejercicio, por lo que siempre tuve un poco marcado el cuerpo; piernas contorneadas, glúteos marcados y duros, pechos pequeños, pero muy redondos y una cintura muy muy pequeña. Me ponía ropa heredada de mis primas, que era la única manera de tener ropa "nueva", y salía a la calle con un peto y un pantalón a la cadera (suelto), y recibía en menos de una cuadra, una serie de comentarios lascivos de hombres que pasaban en sus autos. Yo iba obligada a comprar pan, y ya no sabía cómo vestirme. 
Por miedo a mi pasado (marcado por eventos muy complejos de llevar en la memoria) y a una serie de palabrotas y cochinadas que me habían dicho o gritado en la vía pública, comencé de a poco a tener una expresión de género masculina. Me sentía bien. La ropa de hombre no me parecía nada fea, y sin duda que la consideraba sumamente cómoda. Me parecía una excelente estrategia a pesar de que en el Colegio la profesora jefe se dedicó a acusarme con mi mamá de que me juntaba con las lesbianas marimacho del otro curso. Y mi mamá, observándome y sabiendo esta información, pensó que me iba a convertir en lesbiana. Como si fuera posible que sucediera de esa manera, y como si ser lesbiana hubiera sido lo peor que me pasara en la vida.
Ya en la universidad, continuaba con mi estilo, y aún así le gustaba a hombres. Siendo que era muy poco "femenina". Comprendí que era mejor que le gustara a la gente por mi personalidad que por mi belleza. Y me alegré de no ser diferente. 
Cuando comencé a pololear, me tocó un tipo bastante penca que me insistía constantemente en que vistiera como mujer segura de sí misma y su expresión de género (y de su sexualidad) y me maquillara. Y me hacía sentir derechamente fea en mi estilo. Y uno que es bien pava con el primer amor, no hacía mucho por convencerlo de lo contrario. Luego de unos meses terminé transformándome en la mujer que él quería que fuera. Incluso me regaló ropa y ropa interior y maquillaje. Me disfracé de una mujer súper femenina, y no dejé de sentirme disfrazada por esos casi 3 años que estuvimos juntos como pareja. Intentando ser una pareja. 
Cuando nos separamos, inmediatamente volví a ser yo. Nada femenina. Muy neutra. No usaba colores particularmente femeninos, etc. Aún así, nunca dejó de estar presente el macho de la calle que grita, susurra al oído o dice comentarios realmente repugnantes. 
Ahora, que tengo 28 años, que me visto con ropa "grande" y ancha, más que nunca porque estoy gorda, entonces para que no se note, exagero un poco con las tallas, sigo viviendo algo similar. Siguen haciéndome comentarios, quizá no todos cerdos, pero sí innecesarios e indeseables. La diferencia es que ahora contesto. No siempre en buenos términos.
Pero la parte que menos me gusta, es que mis estudiantes, mis chiquillas de enseñanza media son víctimas mucho más constantes del abuso y del acoso. Son objetos aún más apetecibles vestidas de colegio. 
El acoso callejero no es una broma. No es una exageración. Es algo serio y asqueroso y terrible. Es algo por lo que HAY que legislar. Y es algo por lo que hay que dejar de callar. Mi invitación es a no quedarse callada. A gritar. A dejar en vergüenza a los pervertidos. Es visibilizar y no naturalizar. 

lunes, 20 de noviembre de 2017

Las elecciones 2017

Es complejo decir con palabras lo que siento. Muy complejo. Principalmente porque el sentimiento no es sencillo, es una especie de mezcla entre desprecio, repudio, rabia, vergüenza, y otros más por definir. Es una mezcla como resultado de un proceso electoral democrático (voluntario) en el que muchos movimos la raja para entregar con muchísima esperanza un voto, al que casi le dimos un beso antes de insertar en una de las cajas de plástico. Un voto que pretendía venir a renovar la bancada y las ideas políticas que nos tienen cansados, porque solo representan el fantasma de la Dictadura. El sistema económico insertado en Chile por Augusto Pinochet Ugarte es nuestro mayor pesar. Y cada día, cuando nos levantamos a trabajar, o cuando miramos a nuestros sobrinos, o hijos, pensamos: "ojalá que estos cambien algo en el futuro, porque mi generación parece que no está muy dispuesta". 
La primera vez que postuló Piñera, tuve tanto miedo que, con apenas 19 años me fui a inscribir voluntariamente y ejercí mi deber/derecho de sufragar (en ese tiempo era obligatorio el voto). Esa vez tuve tanto miedo que en segunda vuelta voté por Frei (Ruiz-Tagle). Solo porque tenía miedo de que alguien que adora el modelo, como todos los que se han enriquecido gracias a él, liderada mi país. 
Ahora, que sé que puede salir de nuevo, tengo menos miedo. Tengo menos miedo porque sé que si deja la cagá (como probablemente suceda) la gente va a ir a votar por el Frente Amplio luego de los siguientes 4 años. 
Piñera es un ser despreciable. Y mucho. 
Ha hecho, bajo el marco de la ley, muchísimas acciones de dudosa ética. Observa el mundo y el país desde la visión de un despiadado empresario. Cree que una solución factible para mejorar las pensiones de vejez, es que trabajemos hasta los 70 años. Cree que la gratuidad es negativa, puesto que la educación la ve como un bien de consumo. Él cree que las mujeres somos MUY diferentes a los hombres, y cree que la Constitución no tiene ningún problema. 
Piñera no ve a Chile, ve su billetera. Ve a su "familia". 
Pero la gente, que sigue siendo muy idiota, escogió a 20 diputados del Frente Amplio, pero votó por dos candidatos que defienden esas ideas retrógadas, y peor, ese modelo. 
¿Hasta cuándo, chilenos?

sábado, 4 de noviembre de 2017

Halloween

Me cae mal que exista Halloween. Pone a las personas a tomar papeles que quizá no quieren tomar, pero de todos modos lo hacen para que "los niños" disfruten de una fiesta que no existe en realidad.
Es tan comercial como Navidad. Es tan idiota como Navidad.
En Navidad la gente se transforma en compradora compulsiva y, dependiendo de su capital, consigue todo lo que puede para "no quedar mal con los familiares y niños". Porque los niños siempre son la excusa para que nos mintamos entre nosotros e incluso a nosotros mismos. 
Si los niños supieran esto, que son la piedra de tope, lo que moviliza a la gente a hacer cosas horrendas, ellos rogarían de rodillas que por favor desistiéramos de tal nivel de estupidez.
Halloween es una fiesta cuyo origen es pagano. Las mujeres (llamadas brujas despectivamente por los machos opresores) se reunían a pedir, agradecer y hacer una que otra artimaña pachamamística para que el futuro venidero fuera weno. Ellas celebraban riendo y cantando, y probablemente danzando, al rededor de una fogata o de una comida... vaya a saber uno cómo era en sí el ritual. Este rito nada tenía que ver con la Santa Iglesia Católica y con Jesús, por lo que a lo largo de los años, los religiosos ortodoxos han ido recordándole a sus feligreces que si ellos son verdaderos cristianos, no debiesen por ningún motivo celebrar Halloween, ni siquiera dándole dulces a las marabuntas enanas que pasan pidiendo, porque eso es "fomentar" o "apoyar" indirectamente tal celebración. 
Recuerdo que incluso cuando era niña, en el colegio donde estudiaba me dieron un gran cartel con bellos colores, que decía: "En esta casa somos cristianos. No celebramos Halloween". La idea de la Asesora de Religión era que pegáramos ese cartel en la puerta de la casa para que los niños no pasaran pidiendo dulces... jajajaja
Mi mamá, que siempre ha dicho que es católica, se alegró un montón de ese cartelito, porque como nunca teníamos plata ni pa comer nosotros, era la excusa mejor elaborada para evitar "malgastar" dinero en dulces. Así que ella agarró el cartel y lo pegó mientras me mandó a comprar el pan para la once. Cuando volví el cartel estaba pegado, y a mí me dio una crisis de angustia pensando en cómo se iban a burlar de mí los vecinos (que yo siempre creí que ellos sabían que yo era agnóstica) viendo ese cartel. Y lo saqué con furia. Se rompió en varias tiras y mi mamá, cuando se dio cuenta, me dijo que era hereje y que estaba loca. 
Tomamos once, pero dejamos las dos puertas cerradas, la de calle y la de la mampara, para que desde afuera no se notara que había luz en la casa. Nuestro plan B era que los vecinos creyeran que habíamos salido, o que estábamos durmiendo. 
Ese año funcionó. Pero decidimos que era demasiada pega, así que para el año siguiente compramos dulces en una distribuidora y se los dimos a los niños que pasaron. Ese año sobraron dulces. Al siguiente faltaron. Y así fuimos pasando cada Halloween hasta que mi mamá se cansó, y no compró más dulces. Y les abría la puerta a todos los niños para decirles: "no tenemos nada, disculpen... pero se ven hermosos". Yo me reía igual, porque se supone que la idea es que los disfraces den miedo, no que sean hermosos... jajaja
Ahora ya no vivo con mi mamá. 
El año pasado no me acuerdo qué hicimos, pero tengo la impresión de que nos quedamos encerrados viendo series en Netflix, sin abrir la puerta y sin poner el papelito de que aceptábamos dar dulces a los niños.
Y este año fue diferente.
Este año se cumplían 60 años de la Población La Victoria. Estábamos de fiesta. Fuimos al Carnaval. Esta vez Esteban no bailó, porque como ya no es de la Escuela... según él que es súper fome ser espectador. Que es mil veces mejor "estar adentro". 
Y la Pobla estaba vestida de gala. Adornos en los pasajes, mucha gente mirando el pasacalle... pero había un detalle; había mucha gente recolectando dulces con sus críos disfrazados de cualquier cosa. Estábamos los visitantes que fuimos a gozar de la música y la danza carnavalera, y estaban los vecinos que andaban en la misma. Y estaban "los desclasados" que llevaban a sus hijos a tocar puertas para pedir dulces. Fue súper raro. Uno, dentro del romanticismo absurdo con el que vive y cree en la política, no se imagina que en una pobla con tanta historia (recién estrenaron "Cabros de mierda") la gente va a ser tan yankee pa sus cosas. A mí me dio cosita. Cosita mala, como amarga... 
El punto es que Halloween opaca lo que somos. Ni siquiera la gente aún se apropia de la cuestión como algo más latinoamericano, o chileno, por último. 
Yo creo que la tradición podríamos inventarla para que no sea como la versión gringa. Primero que todo, en vez de disfrazarse de brujas y princesas de disney o superheroinas de Marvel, mejor que los peques se disfracen de personajes de mitos y leyendas nacionales; que aparezcan unos gemelos disfrazados de Tren-tren y Cai-cai Vilú, unas trillizas de Las 3 Pascualas, algún Trauco, alguna Pincoya... algo así. Y que no pasen por las casas con "calabazas" pidiendo dulces, sino que se hagan fiestas de barrio o familiares, en las que se inviten hartos niños y se les permita comer dulce; tortas, brochetas de frutas bañadas en chocolate, helado de frutas casero... etc. Que sea una excusa para reunir a la familia, o al barrio o a la pobla, pero también para retomar nuestras raíces... algo del folclor chileno (literario), para que no se diga que nos acordamos que somos chilenos solo con el fútbol o las fiestas patrias. 
¿Sí o no?