domingo, 22 de mayo de 2011

Pensaba sobre la muerte

De camino a casa pensaba en la muerte. Pensaba en el alivio que significaría para mí que de pronto mi cuerpo explosionara o bien, muchos de los que me rodean. ¡Qué ganas me dan!
No pienso en el suicidio, pienso en la muerte. Pienso en una relación de respeto y agradecimiento.
Es impresionante cómo vienen ideas de ese estilo a mi cabeza, y se multiplican mil veces de noche. Los sueños llegan mucho más lejos, imagino no solo muertes deseadas sino asesinatos. Muero porque desaparezcan de mi vida y poder respirar con alivio. No volver a escuchar ni sus voces ni sus nombres, a menos que no se refieran a ellos.
Muero, muero por desvanecerme en la nada y mimetizarme con su apacible existencia intangible. Volverme nada es el sueño mayor que he tenido.
Añoro la muerte, añoro que se entrometa entre nosotros y no se detenga hasta hacer valer la mayor de las justicias.
Añoro silencio, añoro tranquilidad. Añoro sonrisas, silenciosas y sinceras. Sonrisas ciertamente perfectas.
Me lleno de deseos y añoranzas mientras ellos se vuelven carbón, del que contamina más de lo permitido.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Aviso de último momento

Se le informa a todos los hablantes de Lengua Castellana y sus correspondientes modificaciones en todo el área de América Latina, que el uso de los pronombres relativos: "el cual", "la cual", "lo cual", "los cuales", "las cuales" están absolutamente permitidos y sentenciados a obligatoriedad de concordancia de género y número con los sustantivos respectivos a los que se esté pronominalizando.
Conclusión: no es correcto, decir "la cual" dejando todos los otros pronombres relativos de lado.

domingo, 24 de abril de 2011

Fin de semana santa

Leer a Clarice Lispector me ayudó un poco a abrir los ojos. Uno siempre piensa que está mal, pero no falta el desgraciado que está peor. Y Jesús lo dijo en la película. Bueno, el actor.
Yo sé que el gatito hizo todo lo posible por vivir, pero no lo logró. Yo creo que quizá lo mejor es entender que la naturaleza es sabia y que a veces no son suficientes las enormes ganas de que las cosas salgan bien, sino que la esencia no cambia y la realidad se hace presente sin que la llamen.

Ella se encontraba en constantes silencios y meditaciones inconscientes, ella quería vivir. Vivir. Sentirse valorada. Sentir que era valiosa para alguien más que los obligados. Porque los obligados están allí, siempre lejos, siempre sintiendo, en silencio.

Y ahora en silencio, no sentía ganas de llorar. Esta pena no se llora, se vive. Y la rabia la tomó, la destrozó en conversaciones imaginarias y se alejó de ella. Insiste en sentirse feliz, en besar al gato, en dormir con el gato, en acariciar al gato, en recibirlo mil veces -si fuere necesario- en su cama por la noche. Ahora lee afuera de la casa para sentir el sol y el viento. Ahora se permite mirar feo, y gritar, y decir que la gente con la que comparte apenas un poco más que el sengundo apellido vale mierda. Que son mierda. Lo piensa en voz alta. Pero no dice groserías directamente, pues no es necesario bajar a su nivel -piensa-.

Y ahora que comprende que escribir es una necesidad no un simple deseo o gusto placentero, ahora puede hacerlo sin temor a que a alguien pudiera molestarle, o que alguien prefiera que no lo haga, o que no lo cambie por hablar. Ahora, ahora no dejará de hacerlo hasta que la venza la muerte o la demencia.



martes, 19 de abril de 2011

Sucedió anoche

Yo estaba preocupada por su diarrea, pero trataba de que comiera y tomara agua para que no se deshidratara. Ahora tengo muchas dudas, y prefiero no pensar mucho porque me da una impotencia tremenda que anoche solo podía expresar en rabia, en mucha rabia y una pena que no dejé que brotara por mis ojos.

Lo vi más flaco, pero lo consideré lógico si el pobre andaba con diarrea, y más encima le daba por comer menos. Me imagino los dolores que quizá pudo sentir y se me estremece el corazón, pero no se quejaba, solo trataba de dormir mucho...y no tenía ánimos de levantarse, ni de jugar como su hermanito.

Era tan pequeño y hermoso. Difícilmente lo podré olvidar. A pesar de que no hay fotos.

De pronto lo miré y estaba acostado de una forma muy extraña, no lloraba, no emitía ruido alguno, tenía la mirada perdida, y estaba acostado lejos de las botellas con agua tibia. Lo tomé, y se me desvaneció en la mano, no soportaba el peso de su cabeza, y apenas movía sus extremidades en señal de dolor e incomodidad.
Me desesperé, tenía una clavada en el corazón e intentaba no llorar, pero estaba consternada. Salí corriendo, tomé la única plata que tenía, y salí corriendo, mi hermana y su amiga iban detrás. Nuestros destinos cercanos eran de unas supuestas clínicas veterinarias por acá cerca. Fuimos a todas las que conocíamos, fuimos a pie y a toda velocidad. Como domingo, estaban cerradas, y a pesar de estar ubicadas en casas particulares, lo que puede hacer pensar que los dueños viven ahí, no abrieron las puertas. Seguimos las indicaciones de los vecinos, golpeamos muchas puertas, la amiga de mi hermana llamó a cuanto teléfono escribieron en las murallas de los recintos, pero no. Nadie respondió. Los teléfonos rugían con desesperación y los telefonistas brillaron por su ausencia.

No quise rendirme. Me devolví a la casa, le di agua cocida. Pensaba que quizá el suero le hizo mal, y por eso empeoró. No lo sé realmente, espero que no, porque en tal caso murió por mi culpa. No tragaba. No movía la boca más que para quejarse. No tomó un solo trago de agua. En un momento pude pasarle un poco de agua mediante masajes en su garganta y su estómago, y el líquido pasó casi directamente por su sistema, y lo orinó a los pocos segundo de beberlo.
Tenía una cara terrible. Movío sus extremidades en un momento, y sentí que estaba luchando por vivir. Pero inmediatamente después dejó de moverse del todo. completamente estático, y sin fuerzas ya, comenzó a latir cada vez más lento su corazón, y el mío mucho más rápido. Le di respiración boca a boca. Fue inútil.
Dejó de respirar. Su cuerpo, aun tibio, pero tieso, me avisaba que ya no pudo más. Yo tampoco pude más. Ahora sus restos se encuentran bajo tierra. Y mis restos sobre ella.
Al fin una lágrima.

domingo, 27 de marzo de 2011

La música siempre acompañando

Lo que primero me cantaste: - "soledad, criatura primorosa, que no sabe que es hermosa...(8)". Ella se puso celosa, y a ti no te importaba parece, bueno, después me dijiste que eso no tenía futuro...y algunas cosas más. Me costó creerte, no sé si porque en realidad me parecía maravilloso, o porque simplemente me parecía que bromeabas, como tantas otras veces.
Decidiste decirlo, y decidiste que era esa la realidad:- "tú me gustas, cien por ciento, aunque no me pesques (...)"
Ahora...ya después de fuimos lo que fuimos...(8), solo puedo decir: - "eras mi persona favorita...(8)"

domingo, 20 de febrero de 2011

Mi hogar, mi familia.

Vivo en una casa arrendada con 9 personas además de mí.
Duermo en una pieza con mi hermana y mi madre.
Mi abuela es la única que duerme sola. No sé por qué.
Vivo con la mayor de las hermanas de mi madre, y su pareja de siempre. Un hombre que no vale un peso y que la trata como ramera. Pero no lo es, no lo es.
También vivo con otra tía, la segunda más antigua, que vive con un hombre que no vale mucho la pena (pero ella tampoco) como padre de mi primo Benjamín.  Al parecer nunca ha sido diferente.
Vivir en esta casa es un martirio. La gente es el problema, no la casa.

Mi abuela se cree algo que no es, pero no estoy segura qué se cree. Trata con la punta del zapato -o de la pantufla- a todos. Poco le importan las preferencias o libertades individuales del resto. Ella hace lo que quiere, pero le exige a todos que no hagan cosas que a ella no le agraden.
Mi tía mayor es la "nana" de la casa, pero en realidad no hace más que cocinar y atender a su hombre, que es un vividor, solo que ella no es prostituta.
Benjamín, el padre de Benjamín, trabaja por las noches haciendo completos y churrascos en un local de mala muerte cerca de acá. Se cree profundamente sabio y hace mucho reir al mundo. Tiene hijos por todos lados y nunca ha criado a ninguno. No tiene idea lo que significa. Es que se olvidaron de la clave: amor.

En mi casa existe mucha tierra, arañas, colillas de cigarro, rabias y silencios. No hay -casi- amor.
Yo soy la primera en estudiar en la universidad. Espero no ser la última.

Maritza

Quizá el ocultar para el relato la cercanía que nos une me sea últil, pero quizá no, así que no lo haré.
Maritza es mi prima. Prima-hermana. Su historia de niñez es de aquellas que se clasifican como imperfectas, pero para nada como malas. Todos quienes la rodeaban se encargaban de que su realidad fuera preciosa, aunque la verdadera realidad, la que estaba oculta a sus ojos, fuera horrenda.
Su padre biológico, un muchacho de diecinueve o 18 años, pololo de mi tía por algunos años, se fue de su lado, deseando no verla más por un cahuín inventado por su madre. Él se fue sin darle su apellido a su hija, sin darle explicaciones a su polola, y sin darle espacio a la verdad.
La joven madre soltera sufrió muchísimo al comienzo, y mucho más después de tomar una decisión un tanto complicada. Uno de sus amigos, enamorado de ella o algo así, le ofreció ayudar económicamente a la guagua sin nada a cambio. Ella aceptó, pues su amistad la hizo confiar en él.
Él violó a mi tía varias veces, y la hizo parecer su pareja varios años, a cambio de silencio, de amenazas(...) La vida estaba siendo muy complicada para ella, mas no para Maritza, que le fascinaba compartir con su padre y con su madre.
Su madre se alejó de él, e intentó darle una vida digna a su hija, se esforzó como pocas madres lo hacen en situaciones de prácticamente indigencia, pero no le prohibió a su hija que viera a su "padre", pues ella lo quería.
Las complicaciones posteriores fueron mucho más leves y llevaderas sin una necesaria depresión a cuestas por parte de su madre. El amor la defraudó muy joven, y ella no ha podido reponerse ni siquiera ahora que tiene medio siglo en el planeta.
Maritza se recuerda como una muchacha vacía de amor, no sentía amor por la gente, pero sí por el dinero y las cosas materiales.
Además era bastante envidiosa, y celosa de sus padres.
Aprendió a cocinar y a limpiar muy pequeña, pues su madre antes de la adolescencia de su hija decidió no ser más madre. Solo fingirlo en sociedad. Y sigue haciendo eso.
Maritza se volvió una muchacha drogadicta, como tantas otras personas, pero ella era diferente, pues ella le robaba a su familia, sin culpa, sin miedo; ella no quería a nadie.
Estaba con 19 años en tercero de Enseñanza Media, cuando quedó embarazada.
Matías ahora tiene 7 años. En unos meses cumple los 8.
Él no vive con su madre. Vive con su familia paterna. Su abuela y bisabuela lo golpean más o menos seguido. Su padre lo consiente y lo quiere mucho.
Maritza vive acá, con su madre, mi tía, por haberle robado al papá de Matías y a otras personas. Ella cada vez que puede, roba.
El niño la echa de menos.
Ella se alcoholiza y se droga lo más que puede.
Sigue siendo envidiosa, materialista y egoísta.
Tiene 30 años. Pero vive como cualquier niño o adolescente.