lunes, 11 de enero de 2016

El Gran Gatsby

Aunque es una película a la antigua, de una larga duración y apenas unos tres tipos de tomas de cámara, muestra una crítica notable a la realidad de algunos, de esos que son pocos, los menos... de hecho los deja como chaleco'e monoh, ya que muestra cómo los ricos, luego de "sufrir", arreglan su vida, construyéndose una nueva casa en un nuevo lugar para empezar de nuevo. No tienen problemas para recomenzar sus vidas, puesto que no necesitan seguir donde estaban antes... 
Un narrador protagonista, y apenas un par de actuaciones notables conforman una película espléndida. La hiperrecomiendo. 

martes, 3 de febrero de 2015

El ansiado cuerpo perfecto

¿Se han dado cuenta de la cantidad de productos que ofrece el mercado para que la gente, al consumirlos supuestamente, alcance a tener el ansiado cuerpo perfecto? ¿Es verdaderamente lo que ellos desean?, ¿o solo se trata de la vieja y conocida treta de que la publicidad nos depositó una imagen que asociamos a algo bello y creemos que eso es perfecto?

Pensemos en un cuerpo perfecto; primero que todo debería ser esbelto, no no, más que esbelto, debería ser flaco. No, flaco no, marcado y hasta un poco musculoso. A menos que sea de mujer, si es mujer solo tiene que ser extremadamente flaco, al borde de la desnutrición. Entiéndase que no debe notarse ningún tipo de consumo de grasa. Si es hombre, debe verse fibroso. Que los hombros sean más anchos que el trasero; el triángulo invertido. Pero marcado. Musculoso ojalá. 
Luego que ya tenemos la estructura, podemos hablar de tamaño. Hay que ser altos. Un metro ochenta el hombre (no demasiado alto). Un metro setenta y cinco la mujer. Que deje un espacio para que el hombre no se vea ridículo cuando ella use tacones. Incluso un metro setenta sería suficiente (para no quedar mal ni siquiera en aquellas fiestas donde se requieran tacos de diez centímetros).
Ahora el color. Lo que se considera bello a nivel universal son los colores claros. Ella que ojalá sea rubia, si no, castaña, pero blanca. Pelo claro es más bello. Ligeramente bronceada. No en exceso. Ojos azules calza perfecto para formar un cúmulo de rasgos exóticos, que no se sabe cómo se conjugan para formar tan bello ejemplo de ser humano femenino. Él debe tener el pelo más oscuro, ser más moreno, pero de sol… bronceado natural, pero no de nacimiento, y ojalá tenga ojos verdes. Que combinen con la imagen sexualmente aceptada por todos. 

Y bueno… ¿dónde encontramos esta gente? Fácil; en la publicidad y los Medios de Comunicación Masiva. No, no, pero dónde la encontramos en la vida real. Ah, no, ahí estamos complicados, porque naturalmente esas personas han llegado a ser parte de nuestra mente gracias al manejo mediático de la estética. Si realmente nos dejáramos llevar por nuestras propias hormonas -como obviamente lo hacemos- y no nos preocupáramos de parecer lo que no somos ni de encontrar lo que no existe, pensaríamos que las personas bellas son de miles de maneras diferentes, y que no tienen que ver con un estereotipo como los que acabamos de nombrar. 

¿Por qué adoramos entonces la figura de Marylin Monroe o de Elvis? Bueno. Elvis tiñó su pelo de negro para ser más bello. Y se bronceaba a menudo, para ser sexy. Marylin tiñó su pelo de rubio para lo mismo. Y pintaba sus labios rojos y sus ojos los delineaba con un grueso lápiz negro para ser más bella. Era delgada, pero no al extremo. No por ser rebelde al estereotipo, sino porque en ese tiempo, ser tan delgada como ahora se estila, no era signo de belleza. Los tiempos han cambiado, pregúntele a Botero.
Y sí, efectivamente esos personajes eran bellos, pero, ¿eran reales? Claro que no. Y su fama también se debe a los medios de comunicación. Ellos nos hicieron creer que eran hermosos, y talentosos, y mejores que todos nosotros y que nuestros artistas. Y en nuestras ferias y persas, del tan lejano Chile, hay más reproducciones de cuadros y fotos de estos personajes que de nadie, porque es algo chic tener una réplica en casa. De lo más top.

Y bueno, toda esta reflexión me surgió porque me llegó a mi correo un producto en oferta que consistía en un parche, como las "curitas", o "parche de león", que se pegaba al ombligo, uno cada día por un mes, y la persona adelgazaba, perdía la ansiedad por comer, y no sé qué más. Y tal como ese mágico producto hay millones en el mercado; pastillas, jarabes, cremas, aceites, suplementos alimenticios, frutas exóticas y quién sabe cuánta cosa más. Los promocionan personas que en su vida fueron gordas. Y las personas normales comienzan a sentirse desdichadas con su cuerpo y bueno, quieren "mejorarlo" a como dé lugar. Y así se mueren niñas cada año de anorexia. Se internan otras cuántas sin que nadie haga ni piense ni se cuestione absolutamente nada.  
¿Y si comemos lo que queremos, en cantidades apropiadas para nuestro cuerpo? ¡y bebemos agua de la llave! Y salimos a caminar, o a andar en bici… y ya… nada de cosas raras. Nada de odiar nuestro cuerpo. Porque si tu genotipo no da para verte como Paris Hilton, ¿por qué no lo superas y sigues siendo feliz con tus caderas anchas? ¿Con un trasero grande? O aquellos hombres que solo pueden ser flacos, pero no pueden tener el torso como Alexis Sánchez… ¿por qué no se quieren un poco y empiezan a ser menos autoexigentes con cosas que a nadie le importan?
Si viviéramos conformes con nuestro cuerpo, seríamos incorruptibles, y la industria no desperdiciaría tiempo en inventar productos que nos provocaran acercarnos un poco al límite de la ausencia de autoestima. Y nos caeríamos bien a nosotros mismos y a los demás. Y así seríamos un poco más felices.  Situación que claramente no les conviene a ninguno de los que llevan el mando en todo esto. Ni a los modelos, ni a los magnates, ni a los medios ni a nadie más que a nosotros. 
Así que mujeres, más vale que sigan consumiendo una enorme cantidad de alimentos químicos bajos en calorías, envasados en lindos plásticos verdes o morados o celestes (colores que casualmente dan la sensación de "natural", "bueno","sano", etc.) y hombres, por favor sigan destruyendo sus articulaciones y músculos, deformando sus cuerpos, para verse como atletas fortachones, miren que si no, NADIE LOS VA A QUERER NUNCA.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Te lo agradezco, pero no

Me pasa que me enfrento a un mundo construido por el inconsciente de todos, que parecieran conectarse entre ellos dejándome de lado solo a mí.
El miedo a echar a perder una nueva historia de amor me hace buscar inconscientemente hombres o historias que no tengan esperanza de estar conmigo más que por un momento. Ya no quiero personas que me digan que soy el amor de su vida. Ya no quiero personas que se enamoren de mí ni que me hagan sentir especial. No es porque me odie, ni porque no me lo merezca, ni nada de esas cosas. No quiero eso porque tengo un punto fijo en mi futuro, que no incluye más que mi inconsciente, muy consciente, sumado al suyo, a sus miedos y dolores acumulados, y mis anhelos son precisamente que todo eso, bien revuelto, -tanto que no podamos diferenciar los de cada uno-, vayan construyendo la historia de amor más hermosa y eterna que pudiera existir. 

jueves, 20 de marzo de 2014

Viaje de trabajo



Una mujer de delgada figura y cabello aleonado y rubio tuvo que irse de viaje muy lejos de su natal Chile; a Alemania. Con su esposo, viajó llena de esperanzas de aprender, de conocer y de disfrutar el tiempo de estancia.
El invierno, crudo en las calles y muy cálido en su hogar, ayudó a concebir al primer hijo de la joven pareja –digo primero porque aunque aún no tienen más hijos, nunca se sabe-.
Pasaron todo el invierno embarazados, y ansiosos de conocer a Maximiliano. Su llegada fue añorada y dolorosa. La mujer aún no manejaba mucho el idioma, así que desde que comenzaron las contracciones fuertes hasta que llegó al ansiado hospital tardó dos horas de mensajes fallidos entre ella y los taxistas. Su esposo, fuera de la ciudad tardó el doble de tiempo en llegar al mismo hospital. El parto fue tortuoso, pues sin anestesia y sin experiencia llegó con la guagua a púnto de salir de su cuerpo. Su marido llegó después y estalló en llanto al ver a su amada esposa y a Maximiliano unidos en el milagro de la lactancia.
A la llegada del verano anunciaron que tendrían que quedarse algunos meses más de lo presupuestado. Ella se contentó pues “el verano siempre es más agradable que el invierno”, pensó.
Comenzó a frecuentar parques y plazas junto a su pequeño hijo. Un día cualquiera conoció a una agradable mujer de la India que le enseñó mucho alemán y mucho de los alemanes también. Aprendió  además a usar el transporte público cuyo sistema ni siquiera se sueña en Chile.
Salió tranquilamente una mañana en dirección a una plaza pública lejana a su casa en compañía de la mujer inmigrante y sus respectivos hijos.  Tomaron el microbús a eso de las 11:30 de la mañana y llegaron al destino pasada una hora y cuarenta minutos. Al llegar, nuestra querida chilena sintió cómo el sol la aplastaba, la envolvía en un círculo abrasador, comenzó a ver manchas de colores verdes, azules y blancas. Cuando despertó se hallaba en una casa desconocida junto a todos sus acompañantes y un muchachito de diez años que vivía en esa casa. El niño dijo que los inmigrantes del sur solían desmayarse al comienzo, hasta que lograban acostumbrarse. Nerviosa, pero sintiéndose mucho mejor le agradeció al muchacho y salió del lugar. Al salir tuvo sensaciones  muy similares a las que sintió al llegar a la plaza, pero esta vez logró mantenerse consciente y llegó a eso de las 19 horas a su casa junto a todos. La mujer indú la ayudó con Maximiliano para que ella pudiese descansar. En agradecimiento la invitó a alojar junto con su hijita. La mujer accedió. Al día siguiente la chilena no despertó sino hasta la hora de almuerzo. La invitada hizo un exquisito plato típico de su país. Cuando la mujer se aprestó a almorzar, ella le sirvió como si fuese la dueña de casa.  
-        -- ¿Cómo se llama? Está delicioso.
-        -- Me alegra que le haya gustado.
-     -- Discúlpame por no despertar temprano, no sé qué me pasó. Te agradezco mucho todo esto y lo de ayer.
-         -- No te preocupes que para eso viene uno al mundo.

Al pararse de la mesa, la sudamericana temió otro desmayo por el calor, y para evitarlo se lanzó intempestivamente a la cerámica del piso quedando con sus extremidades bien separadas y su estómago, cara, piernas y brazos pegados al suelo.
En la mesa, la mujer india, asustada por el extraño hecho quedó atónita mirando en el suelo a la mujer pegada como estrella de mar a una roca. Y pensando que se trataba solo de una forma de agradecer los alimentos, sin dudarlo demasiado se lanzó al piso, al lado de la chilena diciendo:
-          -¿Delicioso, no?
-          -Exquisito.

viernes, 21 de febrero de 2014

Revalorando

Estuve viendo hoy la película: "A primera vista". Fue interesante el proceso del protagonista, que era ciego desde los tres años, que apenas pudo ver un par de cosas, y que fue ciego toda su vida, hasta que se operó, y entonces por unos meses pudo ver. Sus ojos veían, pero su mente no procesaba lo que veía. Y entonces volvió a perder la vista de nuevo, y para siempre. Y entonces vio mucho más de lo que sus ojos le dejaron ver. 
Me hizo entender por qué al sentir la lluvia prefiero cerrar los ojos, y por qué al besar, también. Entonces pude entender por qué a veces no puedo evitar cerrar los ojos, y por qué otras veces no puedo evitar abrirlos. Pero al menos tengo la posibilidad de elegir. 

Revalorizar estas cosas, ahora, que tengo la oportunidad de conocer otras realidades, a partir de la ficción de una película, me hace creer que muchos de nosotros preferimos no ver algunas cosas, y que de hecho, preferimos no escuchar nuestros instintos. Somos apenas unos pelotudos con todos sus sentidos, y que no necesitamos usarlos, porque igual seguimos siendo unos pelotudos.

domingo, 12 de enero de 2014

Cerrar los ojos

Cuando cierras los ojos. Todos los ojos. Entonces eres capaz de sentir verdaderamente. Cuando ríes con los ojos cerrados, entonces verdaderamentwe ríes. Cuando lloras con los ojos cerrados, entonces verdaderamente lloras. Cuando besas con los ojos cerrados, entonces no involucras solamente los labios y algunas voluntades, entonces te involucras verdaderamente y te ves en la obligación de hacerte cargo.