jueves, 11 de agosto de 2016

Crisis

Siempre una crisis es solo eso; una crisis. Pero uno trata de que sea algo más: una oportunidad, un escape, un desahogo, un mal recuerdo; la terrible necesidad de darle significado a las vivencias para que traspasen la barrera del hecho y pasen a constituir el ser. Uno termina siendo un ser en crisis,  en constante crisis. 
La existencia es un problema. El deber ser, otro. La duda, un camino, una opción y un obstáculo. 

Necesitamos que nos digan que somos buenos, que lo reconozcan aunque ya lo sepamos y luchemos por ello. 
Necesitamos que nos respeten por lo que somos, no solo por lo que hacemos. 
Necesitamos que los errores sean aprendizajes, no reproches.
Necesitamos llorar por cosas que sean trascendentales, no por malos ratos, ni por gente de mierda.

Debemos crecer. Cada día es para eso.
Debemos buscar y encontrar. La búsqueda eterna nos deja en el abismo. Y no nos gusta el abismo. 
Nos aterra el abismo.


domingo, 7 de agosto de 2016

Jacinta Zañartu

Escribo su nombre como título porque no lo quiero olvidar, y quisiera que muchos tampoco lo hicieran. 
Su familia, con bastante mejores recursos que el 70 por ciento de la población chilena al menos, logró la dicha de operarla de transplantes múltiples. Esta situación provocó una lucha simbólica en las redes sociales acerca de la "justicia" tras este hecho. Algunos decían que porque su familia tenía recursos económicos de sobra había sido operada, mientras que otros humanos en similares condiciones no eran operados, o incluso, morían o habían muerto en esa espera... 
Otros decían que el dinero poco tiene que ver con una operación de transplante, ya que dependía de factores netamente médicos o biológicos, como la compatibilidad de los órganos... 
Esta "guerra" en redes sociales se volvió muy clasista y fea, ya que se vio afectada emocionalmente la familia y ella misma, sintiéndose atacados por personas que no las conocían... y mientras que eso pasaba, su padre -muy emocionado- agradecía a Dios la posibilidad de tener a Jacinta más tiempo con ellos...
Ahora sabemos que su cuerpo rechazó el transplante de pulmón y MURIÓ.
También sabemos que ella hizo una especie de "campaña individual" para que las personas tomaran conciencia y fueran donantes. 
Esta vez NADIE hizo comentarios en las redes sociales.
De Pokemon Go se dijo de todo.
De José Piñera bastante menos.
De los Juegos Olímpicos Río 2016, aun menos.
Pero de Jacinta Zañartu no se dijo nada. NADA. 

jueves, 21 de julio de 2016

Mi madre

Mi mamá es una mujer increíble. Lo supe hace pocos años, así que aún sigo asombrada.
Antes siempre fue causa de mis rabias y algunos temores. Hizo que me sintiera inferior a muchas personas, y también me enseñó a ser persona (no lo sabía, pero cuando me di cuenta, quedé muy feliz de haber aprendido de la mejor). 
Hace poco más de dos años, su madre, mi abuela, tuvo una insuficiencia respiratoria bastante grave, lo que llevó a que estuviera conectada a una máquina de oxígeno por un par de meses -hospitalizada-. Todos pensamos lo peor. Mi mamá estaba desarmada. Yo esperaba que la abuela falleciera para que por fin descansara. Ella, la mayor parte de los días, no quiere vivir. El médico anunció que ella iba a necesitar estar conectada de por vida a la máquina de oxígeno, ya que no podía respirar por sí sola, y tampoco vivir por sí sola. El mundo se nos vino encima. Al menos por un tiempo.
Afortunadamente llegaron las buenas noticias, y la abuela milagrosamente mejoró, lo que ayudó a que volviera a casa, ya sin problemas para respirar por sí misma. 
La abuela y mi madre han sido adictas al cigarrillo muchos, muchos años de su vida, lo que la llevó a esa falla respiratoria... mi madre intentó un par de veces dejar el vicio, pero nunca le funcionó por más de un mes, diría que de hecho ni siquiera lo hizo por un mes entero. Pero esta vez, porque la abuela casi muere, lo dejó. Así sin más. Dejó de fumar cigarros baratos de mala calidad y "corrientes" , que son los que más nicotina tienen (y alquitrán, y arsénico y...). Yo me sentí secretamente feliz porque tuve la epifanía de que, al dejar de fumar, encontraría un amor y volvería a sonreír. Pero no. Solo dejó de fumar, logró que mi tía se fuera de la casa (porque ella no pudo dejar de fumar) y la casa tardó al menos cuatro meses en dejar de oler a cigarro. 
Yo me sentía bien. Me cambié de pieza no sin antes pintarla para tapar las últimas huellas de nicotina de la muralla... la abuela sufre desde entonces de ansiedad por no poder fumar... así que engordó un poco...
Hace unos meses atrás, pocos en realidad, llegué a la casa en un taxi con Esteban, desde donde pude ver que mi madre estaba fumando en la esquina de la casa. Me deprimí terriblemente... logré notar que era ligth, y me dio un poco de risa pensar en que ella ahora se autoengañaba creyendo que fumar cigarrillos con 0.2 menos que los que solía fumar sería "menos malo". Desde entonces he fingido que no me di cuenta y que no sé que fuma. Ella no ha logrado hacerlo del todo piola, pero prácticamente sí... me apena terriblemente, no ya porque crea que nunca más tendrá pareja (ya me convencí de ello porque se trata de su actitud, no de su vicio), sino porque es algo tan desagradable y malo... igual la amo y le deseo eternidad. 

lunes, 11 de enero de 2016

El Gran Gatsby

Aunque es una película a la antigua, de una larga duración y apenas unos tres tipos de tomas de cámara, muestra una crítica notable a la realidad de algunos, de esos que son pocos, los menos... de hecho los deja como chaleco'e monoh, ya que muestra cómo los ricos, luego de "sufrir", arreglan su vida, construyéndose una nueva casa en un nuevo lugar para empezar de nuevo. No tienen problemas para recomenzar sus vidas, puesto que no necesitan seguir donde estaban antes... 
Un narrador protagonista, y apenas un par de actuaciones notables conforman una película espléndida. La hiperrecomiendo. 

martes, 3 de febrero de 2015

El ansiado cuerpo perfecto

¿Se han dado cuenta de la cantidad de productos que ofrece el mercado para que la gente, al consumirlos supuestamente, alcance a tener el ansiado cuerpo perfecto? ¿Es verdaderamente lo que ellos desean?, ¿o solo se trata de la vieja y conocida treta de que la publicidad nos depositó una imagen que asociamos a algo bello y creemos que eso es perfecto?

Pensemos en un cuerpo perfecto; primero que todo debería ser esbelto, no no, más que esbelto, debería ser flaco. No, flaco no, marcado y hasta un poco musculoso. A menos que sea de mujer, si es mujer solo tiene que ser extremadamente flaco, al borde de la desnutrición. Entiéndase que no debe notarse ningún tipo de consumo de grasa. Si es hombre, debe verse fibroso. Que los hombros sean más anchos que el trasero; el triángulo invertido. Pero marcado. Musculoso ojalá. 
Luego que ya tenemos la estructura, podemos hablar de tamaño. Hay que ser altos. Un metro ochenta el hombre (no demasiado alto). Un metro setenta y cinco la mujer. Que deje un espacio para que el hombre no se vea ridículo cuando ella use tacones. Incluso un metro setenta sería suficiente (para no quedar mal ni siquiera en aquellas fiestas donde se requieran tacos de diez centímetros).
Ahora el color. Lo que se considera bello a nivel universal son los colores claros. Ella que ojalá sea rubia, si no, castaña, pero blanca. Pelo claro es más bello. Ligeramente bronceada. No en exceso. Ojos azules calza perfecto para formar un cúmulo de rasgos exóticos, que no se sabe cómo se conjugan para formar tan bello ejemplo de ser humano femenino. Él debe tener el pelo más oscuro, ser más moreno, pero de sol… bronceado natural, pero no de nacimiento, y ojalá tenga ojos verdes. Que combinen con la imagen sexualmente aceptada por todos. 

Y bueno… ¿dónde encontramos esta gente? Fácil; en la publicidad y los Medios de Comunicación Masiva. No, no, pero dónde la encontramos en la vida real. Ah, no, ahí estamos complicados, porque naturalmente esas personas han llegado a ser parte de nuestra mente gracias al manejo mediático de la estética. Si realmente nos dejáramos llevar por nuestras propias hormonas -como obviamente lo hacemos- y no nos preocupáramos de parecer lo que no somos ni de encontrar lo que no existe, pensaríamos que las personas bellas son de miles de maneras diferentes, y que no tienen que ver con un estereotipo como los que acabamos de nombrar. 

¿Por qué adoramos entonces la figura de Marylin Monroe o de Elvis? Bueno. Elvis tiñó su pelo de negro para ser más bello. Y se bronceaba a menudo, para ser sexy. Marylin tiñó su pelo de rubio para lo mismo. Y pintaba sus labios rojos y sus ojos los delineaba con un grueso lápiz negro para ser más bella. Era delgada, pero no al extremo. No por ser rebelde al estereotipo, sino porque en ese tiempo, ser tan delgada como ahora se estila, no era signo de belleza. Los tiempos han cambiado, pregúntele a Botero.
Y sí, efectivamente esos personajes eran bellos, pero, ¿eran reales? Claro que no. Y su fama también se debe a los medios de comunicación. Ellos nos hicieron creer que eran hermosos, y talentosos, y mejores que todos nosotros y que nuestros artistas. Y en nuestras ferias y persas, del tan lejano Chile, hay más reproducciones de cuadros y fotos de estos personajes que de nadie, porque es algo chic tener una réplica en casa. De lo más top.

Y bueno, toda esta reflexión me surgió porque me llegó a mi correo un producto en oferta que consistía en un parche, como las "curitas", o "parche de león", que se pegaba al ombligo, uno cada día por un mes, y la persona adelgazaba, perdía la ansiedad por comer, y no sé qué más. Y tal como ese mágico producto hay millones en el mercado; pastillas, jarabes, cremas, aceites, suplementos alimenticios, frutas exóticas y quién sabe cuánta cosa más. Los promocionan personas que en su vida fueron gordas. Y las personas normales comienzan a sentirse desdichadas con su cuerpo y bueno, quieren "mejorarlo" a como dé lugar. Y así se mueren niñas cada año de anorexia. Se internan otras cuántas sin que nadie haga ni piense ni se cuestione absolutamente nada.  
¿Y si comemos lo que queremos, en cantidades apropiadas para nuestro cuerpo? ¡y bebemos agua de la llave! Y salimos a caminar, o a andar en bici… y ya… nada de cosas raras. Nada de odiar nuestro cuerpo. Porque si tu genotipo no da para verte como Paris Hilton, ¿por qué no lo superas y sigues siendo feliz con tus caderas anchas? ¿Con un trasero grande? O aquellos hombres que solo pueden ser flacos, pero no pueden tener el torso como Alexis Sánchez… ¿por qué no se quieren un poco y empiezan a ser menos autoexigentes con cosas que a nadie le importan?
Si viviéramos conformes con nuestro cuerpo, seríamos incorruptibles, y la industria no desperdiciaría tiempo en inventar productos que nos provocaran acercarnos un poco al límite de la ausencia de autoestima. Y nos caeríamos bien a nosotros mismos y a los demás. Y así seríamos un poco más felices.  Situación que claramente no les conviene a ninguno de los que llevan el mando en todo esto. Ni a los modelos, ni a los magnates, ni a los medios ni a nadie más que a nosotros. 
Así que mujeres, más vale que sigan consumiendo una enorme cantidad de alimentos químicos bajos en calorías, envasados en lindos plásticos verdes o morados o celestes (colores que casualmente dan la sensación de "natural", "bueno","sano", etc.) y hombres, por favor sigan destruyendo sus articulaciones y músculos, deformando sus cuerpos, para verse como atletas fortachones, miren que si no, NADIE LOS VA A QUERER NUNCA.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Te lo agradezco, pero no

Me pasa que me enfrento a un mundo construido por el inconsciente de todos, que parecieran conectarse entre ellos dejándome de lado solo a mí.
El miedo a echar a perder una nueva historia de amor me hace buscar inconscientemente hombres o historias que no tengan esperanza de estar conmigo más que por un momento. Ya no quiero personas que me digan que soy el amor de su vida. Ya no quiero personas que se enamoren de mí ni que me hagan sentir especial. No es porque me odie, ni porque no me lo merezca, ni nada de esas cosas. No quiero eso porque tengo un punto fijo en mi futuro, que no incluye más que mi inconsciente, muy consciente, sumado al suyo, a sus miedos y dolores acumulados, y mis anhelos son precisamente que todo eso, bien revuelto, -tanto que no podamos diferenciar los de cada uno-, vayan construyendo la historia de amor más hermosa y eterna que pudiera existir. 

jueves, 20 de marzo de 2014

Viaje de trabajo



Una mujer de delgada figura y cabello aleonado y rubio tuvo que irse de viaje muy lejos de su natal Chile; a Alemania. Con su esposo, viajó llena de esperanzas de aprender, de conocer y de disfrutar el tiempo de estancia.
El invierno, crudo en las calles y muy cálido en su hogar, ayudó a concebir al primer hijo de la joven pareja –digo primero porque aunque aún no tienen más hijos, nunca se sabe-.
Pasaron todo el invierno embarazados, y ansiosos de conocer a Maximiliano. Su llegada fue añorada y dolorosa. La mujer aún no manejaba mucho el idioma, así que desde que comenzaron las contracciones fuertes hasta que llegó al ansiado hospital tardó dos horas de mensajes fallidos entre ella y los taxistas. Su esposo, fuera de la ciudad tardó el doble de tiempo en llegar al mismo hospital. El parto fue tortuoso, pues sin anestesia y sin experiencia llegó con la guagua a púnto de salir de su cuerpo. Su marido llegó después y estalló en llanto al ver a su amada esposa y a Maximiliano unidos en el milagro de la lactancia.
A la llegada del verano anunciaron que tendrían que quedarse algunos meses más de lo presupuestado. Ella se contentó pues “el verano siempre es más agradable que el invierno”, pensó.
Comenzó a frecuentar parques y plazas junto a su pequeño hijo. Un día cualquiera conoció a una agradable mujer de la India que le enseñó mucho alemán y mucho de los alemanes también. Aprendió  además a usar el transporte público cuyo sistema ni siquiera se sueña en Chile.
Salió tranquilamente una mañana en dirección a una plaza pública lejana a su casa en compañía de la mujer inmigrante y sus respectivos hijos.  Tomaron el microbús a eso de las 11:30 de la mañana y llegaron al destino pasada una hora y cuarenta minutos. Al llegar, nuestra querida chilena sintió cómo el sol la aplastaba, la envolvía en un círculo abrasador, comenzó a ver manchas de colores verdes, azules y blancas. Cuando despertó se hallaba en una casa desconocida junto a todos sus acompañantes y un muchachito de diez años que vivía en esa casa. El niño dijo que los inmigrantes del sur solían desmayarse al comienzo, hasta que lograban acostumbrarse. Nerviosa, pero sintiéndose mucho mejor le agradeció al muchacho y salió del lugar. Al salir tuvo sensaciones  muy similares a las que sintió al llegar a la plaza, pero esta vez logró mantenerse consciente y llegó a eso de las 19 horas a su casa junto a todos. La mujer indú la ayudó con Maximiliano para que ella pudiese descansar. En agradecimiento la invitó a alojar junto con su hijita. La mujer accedió. Al día siguiente la chilena no despertó sino hasta la hora de almuerzo. La invitada hizo un exquisito plato típico de su país. Cuando la mujer se aprestó a almorzar, ella le sirvió como si fuese la dueña de casa.  
-        -- ¿Cómo se llama? Está delicioso.
-        -- Me alegra que le haya gustado.
-     -- Discúlpame por no despertar temprano, no sé qué me pasó. Te agradezco mucho todo esto y lo de ayer.
-         -- No te preocupes que para eso viene uno al mundo.

Al pararse de la mesa, la sudamericana temió otro desmayo por el calor, y para evitarlo se lanzó intempestivamente a la cerámica del piso quedando con sus extremidades bien separadas y su estómago, cara, piernas y brazos pegados al suelo.
En la mesa, la mujer india, asustada por el extraño hecho quedó atónita mirando en el suelo a la mujer pegada como estrella de mar a una roca. Y pensando que se trataba solo de una forma de agradecer los alimentos, sin dudarlo demasiado se lanzó al piso, al lado de la chilena diciendo:
-          -¿Delicioso, no?
-          -Exquisito.