martes, 19 de julio de 2011

Cita textual

"Y desecharán y aborrecerán las maneras y malas maestrías del loco amor, que hace perder las almas y caer en la ira de Dios, acortando la vida y dando mala fama y deshonra y muchos daños a los cuerpos"
El libro de buen amor, Arcipreste de Hita

domingo, 17 de julio de 2011

¿Por qué escribir?

Escribir. Escribir sin parar, escribir porque sí, escribir para escribir. Escribir por el frío. Escribir con tos. Escribir con Silvio en los oídos. Escribir sin corazón. Escribir por no morir. Simplemente escribir. Escribirle a los fantasmas sordos que no saben leer.
Escribir y recordar. Escribir para olvidar, sin olvidar que es imposible. Escribir, recordar. Escribir.
Estar sentada, con frío, con los pulmones expuestos al frío de la noche de la casa de julio de 2011. Escuchar a Silvio, llorarlo, y mientras, escribir.
Escribir por la práctica. Escribir por amor. Escribir por miedo. Escribir porque no puedo leer ya. Escribir porque padezco de un dolor inconsolable, que escribiendo solo se agota... lentamente... el sueño. La tos seca, el frío húmedo. La espalda fría.
Extraño la lluvia. Escapar con ganas de quedarme bajo sus suaves efectos mojados y felices.
Recordar. Llorar. Sufrir. Culpar(me). Culpar(lo). Detenerme.
Escribir. Escribir con el pecho tieso. Con la espalda seria. Con los ojos secos. Con los pies curvados y fríos.
La tos invade. El calor se esfuma. Frío. Escribir.
Ir de pesca, pero no pescar. Ese es el mejor panorama. Adentrarse en un lago en una tarde morada. Tibia. Sola. No.
La playa, el norte, Machu Pichu, Chiloé.
Mario Benedetti, gracias. Gracias por escribir. Por inspirar.
Gracias a Silvio.
Gracias a ti.

miércoles, 6 de julio de 2011

Dulce adiós

Gracias a una llamada repentina y extrañísima me enteré de una pésima noticia frente a la que no pude sino llorar.

Ella no es mi amiga ya, y hoy solo pude corroborarlo. Con mi cambio de celular las personas que pudieron avisarme no lo lograron. Pero finalmente lo supe y me consternó. Mi guata dijo: "corre a verla, da lo mismo cómo te reciba, tú no eres la importante". Y asi fue, intenté que diera lo mismo su recibimiento, y fui, abracé a su abuelita. "Se me fue mi niña". "Ha de estar mejor". "Sí".

Muchas lágrimas soltadas en un segundo, abrazos, tomadas de mano. Mal.

Lo lamento, lamento no haberla visto en este último tiempo. Lamento no haberle dicho a Náyadee, "cállate, pesá", como antes. Lamento no haber seguido disfrutándola. No quise verla el último tiempo, no quise incomodarla. Quise recordarla con su vitalidad desbordante, y su juventud impropia que la hacía parecer más hermana que madre de Náyadee.

La quise, y la quiero. Y en verdad lamento su despedida silenciosa. Y desde lejos.

No creo en el cielo, pero siempre la muerte será un descanso del cuerpo, que en su caso más que en el de ninguno, le estaba trayendo enormes problemas.

Un saludo a la distancia, a ella, a su hija y a su madre, que las dejó con los brazos cruzados, pero al menos no están solas. Y creo que nunca se librarán de mi cariño.

sábado, 2 de julio de 2011

Rosa con rosa

Miro la flor, la huelo, la toco. Pareciera resistirse a la muerte. A esa muerte que yo pretendí acelerar alejándola del agua, la luz, y el aire. La encerré antes de irme, no la he liberado, y sigue allí, tersa, suave, con ese olor...roja furiosa.
El último objeto que recibí de él fue esa rosa. Cuando la compré me di cuenta de que era desubicado. Envuelta en papel celofán transparente, con una rosa atípica de regalo. Porque era un regalo, un regalo que aún no entiendo, pues debió ser significativo ¿Significar qué? Compró la rosa, quizá la escogió, quizá no, la llevó escondida... yo no la vi hasta que me la entregó en las manos, en realidad desde que salí de mi casa hasta que me pasó la flor, yo no vi. Nada. Me la dio diciendo "te traje esto". No supe qué decir, pues recién despertaba. Silencio. Miradas que no se cruzaron. ¿Por qué? No sé, cuando la compré me di cuenta que era desubicado. Gracias, está bonita. Silencio.
Ahora pienso en las flores silvestres, con pésimo olor y hermosos colores que se dio el trabajo de cortar y dejar en la reja de mi casa... esconderse... llamar para decir que dejó por error un ramo de flores en la reja de mi casa. Eran unas flores francamente feas, con pésimo olor y hermosos colores. Casi muero de la emoción. Salí. Era obvio que estaba merodeando por ahí. Lo llamé, lo busqué con la mirada. Corté el juego y entré a mi casa. Fue y dijo. Que eres fome, estaba ahí mismo, ni te esforzaste por encontrarme. Es cierto. En realidad mi ánimo no era para juegos. Y no, no jugué. Era entretenida, innovadora, bonita. Pero quedó ahí. Porque no estaba de ánimos. Y así cuántas cosas han quedado en el olvido porque no andábamos de ánimos. Situaciones, cartas, regalos, momentos, proyectos, vacaciones soñadas... ¿cuánto más hay que esperar para estar seguro? ¿Cuánto más hay que vivir para olvidar y salirse? ¿Hasta cuándo? ¿Será normal el miedo?

martes, 28 de junio de 2011

Muerte de Amarillo

La muerte, asumo, no es una situación para la que estemos preparados.
Cuando se muere un ser querido, es quizá, uno de los procesos más complejos de enfrentar, y es un dolor muy difícil de explicar.
Como humana, me considero completamente tranquila con la muerte. Con la mía en estos momentos no tengo problemas. Con mis familiares, solo algunos me preocupan, y espero no tener que enfrentarla en tales casos.
Se murió mi segundo gato. No el segundo en la vida, sino el segundo que había decidido adoptar (esta última vez), y el que iba quedando. Murió cuando yo no estaba, de un ataque que quién sabe por qué le dio. Lo enterraron minutos antes de que yo llegara.
Es difícil superar esta muerte, pues de algún modo, este gato era mi única esperanza no-humana que me iba quedando, por la cual a veces se hacía más fácil levantarse por las mañanas.
Me cuesta escribir acerca del dolor que me provoca. Solo espero que esté bien en el cielo de los gatos.

viernes, 24 de junio de 2011

Cosas del momento

Con un cúmulo de sentimientos complejos, me encuentro en una casa que no es la mía con una persona que no es de mi familia y me siento mucho más tranquila y acompañada que de costumbre. Tengo un kilo de pena y no puedo llorar, aunque no estoy segura de lo malo que ello puede llegar a ser.
Con los ojos bien abiertos decido ver las noticias, porque no hay nada más que ver, y siento vergüenza ajena. Sin saber bien si apagar el televisor, o simplemente hacerme la sorda y la ciega, escucho desde lejos y no me sorprendo demasiado de lo que observo. Un hombre cincuentón atropella a un encapuchado que lo atacaba con piedras luego de haber hecho lo mismo con una micro del transantiago. Manifestaciones en contra de La Polar que quedan en nada. Comentarios acerca del caso Karadima con la evidente intención de no alarmar, de no herir, de no meterse mucho porque es tan delicado el tema, que es mejor hablar sin decir nada al respecto.

Bolivia encontró un nuevo motivo para odiarnos, y el mismo presidente Evo Morales se refirió a los militares con asco y vergüenza ajena. El presidente de Chile prefiere no hablar mucho porque como tenemos una demanda marítima en contra, es mejor no pelear.

domingo, 5 de junio de 2011

Ojos

No pretendo hablar de sus ojos, pero tampoco digo que no lo vaya a hacer. Acaso pudiere hacerle caso a ese que siempre me advierte pero que jamás tengo ganas de escuchar. Nada más le oigo para que no sienta la discriminación total.

Y es que son tus ojos. Tus ojos lisos, suaves, mojados, medio perdidos, oscuros pero transparentes. Son tus ojos los culpables de esos silencios necesarios, de miradas que atrapan el deseo y lo convierten en amor, y viceversa, como si no se pudiera vivir ambos.
Son esos ojos, benditos ojos que obligan a ser la mejor persona que podemos, a dar los más sinceros besos, y abrazos, a mirarte incluso cuando se cierran para no dejar en evidencia el agotamiento o el amor por la vida que tanto te caracteriza. Esa esperanza inagotable que tanto ocultas.

Son tus ojos. Son mis ojos. Somos nosotros los únicos culpables.