miércoles, 12 de diciembre de 2018

El Principito

Hacer una lectura crítica de lo que leemos es una acción consciente que consiste en leer lo que está entre líneas. Lo que el autor nos transmite de "su mundo interior", y de "su sistema de creencias". A veces no funciona la primera vez, a veces hay que releer las obras. Incluso a veces hay que releerlos años después. Eso me pasa con El Principito, y su rosa. Siempre he admirado mucho la relación del Principito con el Zorro, con su amigo. Es una gran enseñanza para todos nosotros. Y lo mismo pasa con la boa y el elefante, y la crítica a la falta de imaginación de los adultos, pero con la rosa es el problema. 
pág. 29: -No debí haberla escuchado -me confió un día-. Uno no debe escuchar nunca a las flores. Uno simplemente debe mirarlas y respirar sus fragancias. La de mi flor perfumaba todo mi planeta, pero no supe disfrutar de todo su encanto."

Ahí la dejo.

lunes, 26 de noviembre de 2018

¿En qué momento?

Me tomo un momento para hacer una pausa de mi revisión maratónica de ensayos de III° medio para reflexionar sobre algo que me suena y resuena en la mente cada día que voy al Colegio, y es: ¿en qué momento?
¿En qué momento la sala de clases se transformó en un bar?, ¿en un comedor?, ¿en un centro de acopio?, ¿en un basural?, ¿en un centro de carga de celulares? Las cabras se pelean los cargadores y los enchufes. Y se enojan si uno se los desenchufa. Loco, los celulares están prohibidos por reglamento. Así como comer en la sala, decir groserías, faltarse el respeto entre las personas del Colegio... pero nada de eso les importa. Solo les importa su propio placer. Su propio beneficio. A veces creo que si les quitara los audífonos o los celulares, les estaría provocando una úlcera. A veces creo que si les tomara la comida y la botara al basurero, como otros colegas lo han hecho, me demandarían. 
¿En qué momento el Colegio dejó de ser un lugar donde lo más importante era aprender?, ¿y preguntar?, ¿y reflexionar?, ¿y discutir? ¿En qué momento nos perdimos?
¿Cuándo va a ser el día en que las estudiantes vuelvan a mantener su espacio limpio y ordenado?
¿Cuándo va a ser el día en que las estudiantes vuelvan a expresarse en lenguaje culto formal, y evitando cualquier grosería, en vez de pedir constantemente perdón por lo groseras que son?
¿Cuándo vamos los profesores a volver a ser respetados?, ¿valorados?
¿Cuándo las estudiantes van a volver a acercarse al profesor que corresponde para resolver sus problemas, sin pasar a llevar a nadie, en vez de ir corriendo a informarle a todo Chile lo que el profesor "hizo", y por lo cual merece el castigo del infierno?
¿Cuándo el Colegio volverá a ser nuestro lugar feliz?, ¿mi lugar feliz? 

viernes, 5 de octubre de 2018

¿Qué es ser profe?

La primera vez que una estudiante decidió hablarme de su vida, fue en una clase en que estaban haciendo una actividad de creación literaria, y que ella había terminado hace rato. No quiso o no se atrevió a decirme de una, pero comenzó con indirectas que yo capté de inmediato. Su confesión, que para ella parecía la más importante de su vida, era que era lesbiana, y que nadie de su familia sabía, porque eran fanáticos religiosos y ella pensaba que la echarían de la casa. Ella sabía que era lesbiana por lo que sentía por las chiquillas, pero nunca había tenido contacto físico con ninguna. Yo sabía de antes que ella sentía atracción sexual por las mujeres, y también sabía que no era la única con esa orientación, pero como a mí me daba lo mismo, no le di importancia, hasta ese día, que comprendí que la importancia se la dan elles, les estudiantes. Ese día yo me volví una profesora mucho más empática, y cercana. Y buena para escuchar. Lo que me costaba sí era preguntar. Me costaba meterme en la vida de mis chiquillas y chiquillos sin sentirme barsa. Pero eso cambió.
En mi segundo colegio, una estudiante que me encontré en el metro después de clases, me confesó que padecía hasta hace muy poco tiempo de bulimia. Me lo dijo como quien habla del clima, ambas paradas al rededor del fierro del metro. Y yo, evidentemente, no supe mucho por qué me escogió a mí. Conversé con total naturalidad del tema, aunque dentro de mí había un vaso roto que me hacía sentir mucho dolor y rabia, hasta que ella se tenía que bajar. Me despedí con total normalidad, y cuando ella ya no estaba en el carro, entendí. Ser profesora de lenguaje no tiene nada que ver con enseñar a desglosar las ideas de un texto. La asignatura debería llamarse simplemente Comunicación. A comunicar es lo que yo debería enseñarles. Y también entendí que yo no iba a ser solo profesora en los colegios, también iba a ser sicóloga, madre sustituta, y quizá hermana mayor.

En ese mismo colegio supe hartas cosas más, de estudiantes que, como era habitual, se me acercaban a comentarme sus vidas. Yo nunca las interrogaba, solo las escuchaba, hasta que aprendí la lección. Una estudiante que yo no conocía porque no le hacía clases se intentó suicidar y esta vez casi lo logra. Estuvo a minutos, para ser más exacta. Solo no lo consiguió porque la persona que vivía con ella llegó a casa antes de lo pactado. Ese día, que nos enteramos de esta situación, comprendí que lo mejor que podía hacer cuando viera a les cabres sufriendo en silencio, era hacer que rompieran ese silencio, y que aunque no quisieran realmente, se soltaran conmigo, para ser el primer escalón en esta búsqueda de la paz interior que se obtiene a través de sacar la verdad. Por eso ahora yo les pregunto. Les pregunto y me odian, porque no me quieren decir. Pero algo me dicen igual. Y al menos un poco mejor se sienten. 
Yo habitualmente les amo. Por eso no dejo que no me digan nada y se vayan con toda esa pena de vuelta pa la casa. 
Este año es el quinto de mi carrera como docente, ejerciendo una profesión que amo y respeto. Y la cantidad de información que tengo en la cabeza es realmente impresionante. Estoy curá de espanto de tanta tragedia. Antes de trabajar en colegio, yo pensaba que lo más trágico de mi vida era Edipo Rey, pero loco, como diría TNT, hay realidad que supera a la ficción. 

El duelo 2

Había una posición en la cama que me fascinaba. Recuerdo que era tan genial para mí, que a menudo te decía: podríamos quedarnos así para siempre. Consistía en que nuestras cuatro extremidades y nuestras cabezas quedaban entrelazadas por completo. Nos volvíamos una especie de madeja de lana con nuestros cuerpos. Era fantástico. Nuestra respiración y latidos se alineaban en un mismo ritmo, y era tan cómodo y confortable para el alma que habitaba en nosotros, que a veces nos quedamos dormidos en esa sincronía única y maravillosa. 

Cuando nos separamos, lo que pensé que más iba a extrañar era eso. Nuestra conexión vital, nuestra capacidad única de sentir placer en un abrazo en la cama. En un abrazo no sexual. En uno cargado de amor. Solo de amor. Del más buen amor que teníamos para darnos. Pensé también que iba a extrañar tu olor. Ese olor al que yo creía ser adicta, y que también me hacía sentir la persona más feliz del mundo. 

Ahora que estoy soltera otra vez, y que no tengo ni tu cuerpo, ni tu calor, ni tu olor en mi cama nunca, lo que más extraño es al Chubi. Y no creo que sea porque siento desapego contigo, o porque ya no te necesite. Creo que es porque mientras te amé desde aquella posición en la que el amor romántico nos coloca, aproveché cada segundo de abrazo lanístico-pulpístico, y cada posibilidad de sentir tu olor, y tu respiración, y tus latidos. No anduve perdiendo mi tiempo en la depresión de no tener más tiempo para aprovecharte, o hundirme en el dolor de esta vida capitalista de mierda, sino que cada segundo que tuve junto a tu cuerpa fue valioso. Y por eso, ahora, a quien extraño, es al Chubi. 

miércoles, 26 de septiembre de 2018

El duelo

El duelo es una cosa terrible. Nuestro cerebro deja de secretar dopamina y se siente en abstinencia de felicidad. 
Da rabia, da pena, produce instantes de negación, de depresión, y termina con "aceptación". Nada recomendable. 
Pero el duelo también es necesario, muy necesario para poder sentir lo importante que son las personas y el amor para nosotros. Para ser conscientes de lo que queremos y necesitamos para estar bien. Y para reconocernos, rearmarnos y amarnos de nuevo. A nosotros. Tal como somos. El nuevo nosotros. El nosotros que viene después de tanto aprendizaje.

El duelo duele, pero es justo y necesario. 

viernes, 18 de mayo de 2018

Daniela Vega

Daniela nunca será Daniel,
ni porque tú lo quieras,
ni porque Ezzati lo quiera,
ni porque Kast lo quiera,
¡ni porque sus cromosomas lo quieran!


Daniela es Daniela.
Daniela descubrió que era Daniela,
y lleva muchos muchos años siendo Daniela.


Daniela es actriz, no actor,
Daniela es hermosa, no hermoso,
pero sobre todo;
Daniela es libre.
Libre de sonreír, porque es honesta,
libre de responder y de guardar silencio.
Porque además es sensata.
Y es respetuosa.


Daniela hace que me sienta orgullosa
de ser del mismo género.
Daniela es un ejemplo de virtud.
Daniela es Daniela,
desde que se levanta hasta que se acuesta.
Y cuando duerme, sigue siendo Daniela,
mientras sueña.

viernes, 4 de mayo de 2018

Ámbar fue al cielo

Hace algunos años atrás, cinco aproximadamente tomé la decisión de no tener televisión, y un par de años antes de eso había tomado la decisión de no ver más televisión. Esto no es porque yo me considere una persona superior o más inteligente que lo que la TV muestra, sino porque comprendí humildemente que mi ser, mi espíritu en particular, no estaban dispuestos a ver tanta desinformación, tanta basura manipulada y maquillada, ni tanta violencia. 
Ahora, varios años después, viviendo en una casa donde no hay televisión, es poco de lo que me entero (noticias de los medios), sin embargo he adquirido un placer culpable por ver el programa de La Red, llamado Mentiras Verdaderas, por youtube obviamente, y se me han caído un par de lágrimas con los primeros minutos del programa emitido este 1 de mayo. Invitaron al último médico que recibió a Ámbar, esta niña de un año y siete meses que falleció en manos de un monstruo que era su cuidador legal, pero que en vez de cuidarla, la violó y la golpeó brutalmente, de modo tal que la niña murió por las infecciones prolongadas de las heridas que la infante lleva en su cuerpo. 
Estamos en un país culiao donde los niños, los viejos y las mujeres somos grupos vulnerables ante la violencia de manera continua. Violencia de las leyes, violencia de los medios, violencia de los familiares, etc. Mucha mucha violencia. Esta niña muere de sepsis porque fue violada y golpeada brutalmente, antes de cumplir dos años de edad, por su cuidador legal de la UDI, pro vida, candidato a diputado, y quienes la llevaron en calidad de bulto al hospital más cercano, dijeron que "se cayó de la cama". O sea, ¿se puede ser más desgraciado?, ¿más maldito? No puedo creerlo.
Y después de esto, la gente lo único que se le ocurre decir es que se legalice la pena de muerte, para poder matar a quien la mató a ella... o sea, en vez de pensar en que esta niña una más de la lista que ha muerto este año. Que se suma a los más de mil niños que mueren en el SENAME, se suma a Sofía, al pobre niño de 7 años que su abuela asesina a golpes con un PALO porque NO QUERÍA COMER. Estamos en una sociedad enferma, y no se soluciona matando a los sicópatas. A ellos hay que llevarlos a la cárcel, y que ojalá mueran allí. Para que cada día, hora, minuto, segundo de su vida recuerden lo que hicieron, y por qué están ahí. Y por qué no merecen estar junto a quienes "aman". Eso es lo que les tiene que pasar. En ningún caso asesinarlos es un castigo. 
Y pasando el tema agresor maldito. Ya sabemos que las instituciones valen hongo. No dan abasto. Qué podemos hacer para ayudar a nuestros niños. Cómo podemos organizarnos para cuidarlos. Para prevenir a que sigan MURIENDO en manos de pervertidos asquerosos. En manos de enfermas que no controlan su ira. Son niños, son bebés... abran los malditos ojos y déjense de odiar al asqueroso. Matando a ese enfermo no ayudaremos a los miles de niños que viven vulnerablemente. 
Basta, Chile. Basta. En serio.