jueves, 15 de diciembre de 2011

A Mercedes Dunstan

Es mi primera vez en el Cementerio Católico. Bien frío el lugar, hay más muertos que aire y hacen falta varios árboles. 
Dos perros llenan de alegría las rondas de los guardias, al menos eso me contaba mi tía: "cuando yo salía a hacer las rondas los perros se me atravesaban y algunas veces casi me botan".
Intespestivamente tuvimos que ir a la capilla para recibir las cenizas de nuestra querida Mercedes. 
Pareja e hijo totalmente disfrazados de terno. Rodrigo prefirió el clásico negro, Nelson -menos formal o menos anticuado- con azul marino se presentó a los asistentes.
La espera de pie se suplió con la aparición extraña de un hombre vestido de escocés con una gaita a cuestas. Caminó seguro y consciente de lo mucho que llamaba la atención a probar en una esquina tan lejano instrumento. Ahora en la puerta de la capilla está tocando mientras todos fingen ignorarlo. Al parecer es para esta ceremonia. En efecto, lo era y nos acompañó en la peregrinación a la capilla. El ánfora sobre una mesa de mantel blanco. Yo también me siento en blanco.
Varios ramos de flores, muchos colores, predominan los lilium.
Una capilla enorme, con pésima acústica como todas, todos atentos a la ceremonia. Los típicos paseos de tacos desubicados.
No me fue posible ignorar que Rodrigo se secó las lágrimas al dejar delicadamente las cenizas de su madre sobre la mesa.
Todos en silencio, todos buscando paz, Nelson lee un trozo de la Biblia.
Un guardia con pinta de sacristán que saludamos hace mucho rato dirige algunas palabras a los asistentes, los hace cantar repetidamente "el señor es mi pastor, nada me habrá de faltar". Más lecturas, más silencios. El cura sigue hablando. La mitad de los asistentes, si no exagero, lo escuchan con el corazón, el resto sufre en silencio.
Todos intentamos escuchar atentos, pero...a palabras necias, oídos sordos.
Tía, lamento no haberla visto por mucho tiempo. La quise siempre, y le estaré eternamente agradecida por sus regaloneos.
No recuerdo si era católica, pero si le gusta esto, espero que le parezca una buena despedida.
Lamento lo mucho que sufrió y me alegro por todo lo que aprendió.
Gracias por su sonrisa, su buena voluntad, y por su fortaleza. Por su ayuda indiscriminada hacia nuestra familia. Por su amor por los animales, y por haberme querido.
Muchas gracias.
                                                                     


domingo, 28 de agosto de 2011

Mi hermana


Ella es como de mi propia piel.
A veces en esos momentos de profunda oscuridad el pensar en ella me ayuda a salir de eso. Al menos por escasos segundos.
Me hace tener voz.
Me hace crecer.
Me ayuda a creer, que es lo que francamente más me cuesta.

Es bueno saber que no estás sola, y que de hecho no tienes la libertad de estarlo.

Sé de alguien que la quiere como hermana, aunque no lo note. Ella hoy me preguntó por esa persona, y además me comentó que la echaba de menos.

Hay cariños extraños que se producen por personas que ni siquiera nos propusimos conocer.
Yo añoré su fecundación, su crecimiento (se fue al chancho un poco), su nacimiento, y su compañía.

Amor, fraternidad.

Es genial ser la mayor cuando en realidad no lo eres.

Bonita.

sábado, 23 de julio de 2011

Óyeme

No soy yo
la que cae
rendida en tus brazos.
Eres tú
el que perfecto cabes
en los míos.
Alicia Salinas

XXX

Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
y digo aun: ¿por qué callé aquel día?
y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?
Gustavo Adolfo Bécquer

Efectos de amor

Sucumbir, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso,

no hallar fuera del bien, centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido y receloso.

Huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño,

creer que el cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma en un engaño;
esto es amor: quien lo probó lo sabe.

Félix Lope de Vega Carpio



martes, 19 de julio de 2011

Cita textual

"Y desecharán y aborrecerán las maneras y malas maestrías del loco amor, que hace perder las almas y caer en la ira de Dios, acortando la vida y dando mala fama y deshonra y muchos daños a los cuerpos"
El libro de buen amor, Arcipreste de Hita

domingo, 17 de julio de 2011

¿Por qué escribir?

Escribir. Escribir sin parar, escribir porque sí, escribir para escribir. Escribir por el frío. Escribir con tos. Escribir con Silvio en los oídos. Escribir sin corazón. Escribir por no morir. Simplemente escribir. Escribirle a los fantasmas sordos que no saben leer.
Escribir y recordar. Escribir para olvidar, sin olvidar que es imposible. Escribir, recordar. Escribir.
Estar sentada, con frío, con los pulmones expuestos al frío de la noche de la casa de julio de 2011. Escuchar a Silvio, llorarlo, y mientras, escribir.
Escribir por la práctica. Escribir por amor. Escribir por miedo. Escribir porque no puedo leer ya. Escribir porque padezco de un dolor inconsolable, que escribiendo solo se agota... lentamente... el sueño. La tos seca, el frío húmedo. La espalda fría.
Extraño la lluvia. Escapar con ganas de quedarme bajo sus suaves efectos mojados y felices.
Recordar. Llorar. Sufrir. Culpar(me). Culpar(lo). Detenerme.
Escribir. Escribir con el pecho tieso. Con la espalda seria. Con los ojos secos. Con los pies curvados y fríos.
La tos invade. El calor se esfuma. Frío. Escribir.
Ir de pesca, pero no pescar. Ese es el mejor panorama. Adentrarse en un lago en una tarde morada. Tibia. Sola. No.
La playa, el norte, Machu Pichu, Chiloé.
Mario Benedetti, gracias. Gracias por escribir. Por inspirar.
Gracias a Silvio.
Gracias a ti.